¿Educación y prosperidad en 2018?

2018-01-01 19:46:31

Debido a las vacaciones, la semana pasada nuestra trabajadora doméstica solicitó permiso para llevar a su hijo a que la acompañara a casa mientras trabajaba, ya que las guarderías dejaron de dar servicio. Como si cada que las escuelas paran, las madres dejaran de trabajar.

No podía llevarlo tampoco a una guardería particular porque si no, lo que gana en casa lo pagaría en guardería. Afortunadamente como maestros que somos, el buen Enrique, un pequeño de 9 años, fue bienvenido en el hogar. Ahí desayuna, come y hasta más del salario mínimo se lleva a casa por hacer una que otra tarea con “mandados”. 100 pesos son una maravilla para un niño.

El salario mínimo es de 88.36 pesos diarios para 2018, se incrementó el monto independiente de recuperación (MIR) 5 pesos por día y se generó un aumento de 3.9 por ciento por la Comisión Nacional del Salarios Mínimos. Su madre gana mil 700 a la semana, más desayuno y comida, la cual compartimos sin restricciones con ella.

Hoy una trabajadora doméstica, se calcula, gana arriba de los 7 mil mensuales, que no son nada despreciables contra los 2 mil 750 que pudiera ganar un trabajador con el salario mínimo. El punto es que el simpático y servicial Enrique se ganó el corazón de la familia, despertando ternura e indignación entre nosotros cuando lo quisimos poner a escribir un recado y nos dijo con naturalidad: “Aún no me enseñan a leer y escribir”, a lo que todos preguntamos casi al mismo tiempo, “¿en qué año vas?”, contestando como asustado ante nuestro asombro: “Ya voy a pasar a cuarto”.

Ésa es la realidad que se vive detrás de los discursos, de las estadísticas, de los avances, de la asignación de recursos y de las reformas educativas. Maestros y escuelas que acreditan alumnos que no saben leer ni escribir y que ya casi pasan a cuarto.

Otro momento que nos robó el corazón fue cuando queriéndole dar al pequeño Enrique una clase de finanzas y emprendedurismo, ahora que será parte de los programas nacionales y un servidor colabora para el desarrollo curricular, le pregunté: “¿Qué haces con el dinero que te ganas Enrique?”, a lo que contestó con mucho orgullo: “Le compro tacos a mi familia”.

Entonces le impartí la cátedra: “Enrique, a eso se le llama gastar y no es bueno gastar todo tu dinero, aunque lo compartas con la familia, deberías mejor invertirlo. Invertir, por ejemplo, en saborizantes, agua, bolsitas de plástico y hacer unos bolis para que los vendas y entonces multipliques tu dinero…”.

Le expliqué ampliamente lo que era un boli, la inversión, la materia prima, la manera de comercializarlo puerta por puerta y hasta unas cuentas sin números, pero tampoco suma, ni resta ni conoce los números; le hice ver que gastar resta e invertir multiplica. Cuando creí que había conseguido su atención y que de ahí nacería el próximo empresario de la industria paletera, me dijo rompiéndome el corazón: “No tengo en casa, ni electricidad, ni refrigerador”.

¿Qué futuro le espera a Enrique?, ¿por qué lo que gana la madre, sumado a lo del padre no les permite vivir con dignidad cuando otros con menos pueden vivir mejor? La respuesta es educación.

@Saucedodlallata

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