Castro: noqueado y en la lona

Sobre la estrepitosa derrota en los comicios del domingo, en los que el PRI fue enviado hasta el tercer lugar al perder la gubernatura, no ganar ni una sola diputación y ver reducido drásticamente el número de municipios que gobernará en los próximos tres años, el gobernador y primer priísta de Jalisco declaró: “Fue un nocaut, en la lona, pero todavía con aire…”.

Ahora nos damos cuenta de que el candidato del PRI a la gubernatura que recibió y perdió por nocaut y fue enviado a la lona se levantó, reaccionó y confesó que “no me descarto” para ser el nuevo presidente del Comité Estatal del Revolucionario Institucional, el mismo que en plena campaña tuvo dos dirigentes.

Esta confesión llega apenas 48 horas después de haber perdido la elección, cuando aún el proceso no concluye, cuando hay candidatos priístas que fueron derrotados y tienen la esperanza de pelear en los tribunales y ganar en la mesa; cuando otros candidatos al Senado, a la Cámara de Diputados, al Congreso del Estado y a las alcaldías también fueron noqueados y enviados a la lona y aún no reaccionen, todavía se encuentran en shock del que no se recuperan aún.

Miguel Castro revela cuál es su aspiración o podría ser su siguiente paso, en rueda de prensa –y luego lo ratifica en otras entrevistas individuales en algunos medios de comunicación– custodiado por el actual presidente del PRI, Ramiro Hernández García –a quien también le tocó, con la misma responsabilidad, la amarga derrota de Jorge Arana Arana en 2000–, y con quien ocupó también ese cargo y además fungió como su coordinador de campaña, Raúl Juárez Valencia.

Las declaraciones de Castro Reynoso sobre la derrota que se veía venir fue un lugar tan común como las que escuchamos en 1995 de Eugenio Ruiz Orozco –cuando realmente hubo serias e importantes atenuantes que influyeron en la derrota–; en 2000 de Jorge Arana Arana –cuando se asegura que pudo haber ganado en la mesa si se hubiese impugnado seriamente– y en 2006 de Arturo Zamora Jiménez –cuando se culpó que el aparato del estado panista actuó en su contra–.

En ese entonces los tres candidatos perdedores, y ahora Miguel Castro, hicieron y hace un llamado a la “autocrítica para saber en qué fallamos”, pero en aquellos ayeres nadie tuvo el valor para encabezar y enfrentar esa autocrítica que nada asegura la realicen ahora, como nunca la llevaron a cabo tras la no menos desastrosa derrota de 2015, cuando bien podemos decir que comenzó a fraguarse el desfondo de hoy, sin desconocer que el desprestigio del gobierno federal terminó por enterrar las aspiraciones priístas de repetir en la gubernatura y recuperar la mayoría legislativa y las alcaldías perdidas.

Las cúpulas priístas –la base ni oportunidad tiene de manifestarse– deben reconocer que ni como gobierno ni como partido hicieron algo para contrarrestar el severo rechazo de la ciudadanía provocado por los descarados actos de corrupción de sus gobiernos a lo largo y ancho del país. Aquí el Ejecutivo estatal nunca pudo o supo trasladar los logros de su gobierno –que no fueron pocos– hacia su partido, como desde el partido no tuvieron la capacidad para entender y sacar ventaja –que es válido– de esos logros.

Si bien ya podemos enumerar una larga lista de causas que explican la catastrófica y esperada derrota del PRI, creo que aún es muy temprano para que Miguel Castro, el contendiente noqueado y enviado a la lona sacuda el avispero tricolor y genere malestar en quienes tienen la misma aspiración.

En cada derrota el candidato tiene, mucha o poca, parte de culpa. Castro necesita tiempo para reflexionar, encontrar la suya y actuar en consecuencia. Pero mostrar desde hoy su apetito por quedarse con el partido, creo que es lo menos oportuno. Y si no, al tiempo.

ES TODO, nos leeremos ENTRE SEMANA.

JJ/I