Gobiernos a prueba

El análisis de las decisiones tomadas de manera colectiva suele resultar complejo, aunque el resultado en sí mismo sea relativamente simple. Al respecto, el escritor ruso León Tolstoi, en el epílogo de su novela La guerra y la paz, planteó que un ejército numeroso, aunque parece actuar como si tuviera una sola mente, en realidad muestra el comportamiento resultante de la suma de las decisiones que cada soldado tomó, sin importar lo que el general quisiera que hubieran hecho. Por ese motivo, Tolstoi consideraba absurdo atribuir a tal o cual líder el éxito o el fracaso de su estrategia, aunque para efectos analíticos sea más sencilla esa atribución.

En el caso de nuestras recientes elecciones el resultado está a la vista, y necesitamos darle sentido, aunque eso implique que perdamos de vista a cada individuo, y sumemos sus actos a los de los demás millones de personas que participaron, y con sus decisiones le dieron una cara distinta a nuestras instituciones de gobierno.

Tanto a nivel nacional como estatal, el resultado es sorprendente, dado que se rompieron tendencias que se habían mantenido por varias décadas, lo que parece mostrar que el electorado está haciéndose cargo de nuevo de su responsabilidad política, y está tomando las decisiones correspondientes.

Comenzando por el panorama nacional, el electorado le concedió a Andrés Manuel López Obrador lo que hace años llamábamos coloquialmente el carro completo, es decir, el control de las dos cámaras del Congreso federal, algo que no se había visto desde 1994, última ocasión en que algo así había ocurrido. Así, desde 1997 todos los presidentes de México habían tenido que negociar con los partidos de la oposición presentes en el Congreso, pues de otra forma no había manera de que se resolvieran los asuntos legislativos que le permitirían al presidente conseguir sus objetivos de gobierno.

Esta situación de gobierno dividido no es negativa por sí misma, aunque implica que el presidente tenga una gran capacidad de negociación, al tiempo que permite que el Congreso ejerza su función de contrapeso, pese a lo cual, las grandes reformas estructurales, como la energética, se aprobaron con un Congreso que no era afín al presidente en turno. Sin embargo, en esta ocasión el electorado decidió concederle a López Obrador todo el apoyo del Congreso, por lo que tiene la posibilidad de cumplir con la mayoría de sus propuestas de campaña.

Por otra parte, en el caso de Jalisco la situación es distinta. Los últimos cuatro gobernadores habían recibido del electorado un Congreso dominado por los diputados de su partido, pero cuando iban a la mitad de su mandato, al no dar los resultados esperados, el electorado les asignaba un Congreso opositor. Pero en esta ocasión, Enrique Alfaro tendrá que iniciar su gubernatura con un Congreso que no le es favorable del todo, y tendrá que utilizar toda su capacidad de negociación para sacar adelante sus propuestas. Es difícil decir por qué el electorado decidió darle ese trato a Alfaro, pero probablemente sea una combinación de la marea provocada por López Obrador, junto con la evaluación que la ciudadanía hizo del desempeño de Alfaro como gobernante, y de Movimiento Ciudadano como partido en el gobierno.

De cualquier manera, el mensaje de los votantes parece claro: tanto López Obrador como Alfaro están a prueba, y tienen que dar resultados, especialmente en lo que se refiere tanto a la construcción de la paz, el abatimiento de la impunidad, y el control de la corrupción, porque el electorado sabe que tiene la capacidad de modificar la composición del Congreso, y puede hacerlo dentro de tres años, y ponerlos en aprietos.

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@albayardo

JJ/I