PRI: adiós a sus sectores

Una de las principales reflexiones que las cúpulas priístas –nacional y estatales– deben de hacer y una realidad por aceptar luego del resultado del 1 de julio es que el Revolucionario Institucional dejó de ser un partido de sectores y organizaciones y que eso quedó demostrado en estos comicios federales y en los dos últimos estatales (2015 y 2018).

¿Dónde están los sectores obrero, campesino y popular? ¿Dónde las organizaciones otrora poderosas como el Movimiento Territorial, los jóvenes y las mujeres? Desaparecieron. Y lo hicieron por obra y gracias de las dirigencias priístas y de sus propios gobiernos que terminaron por empoderar a los amigos y compadres en las candidaturas y en los cargos públicos.

Como en 2000, en el país, y en cuantas veces el PRI ha perdido en Jalisco, así como ahora en 2018, el lamento de las dirigencias priístas es que se alejaron del pueblo, se olvidaron de la ciudadanía, cuando quienes primero les cobraron su alejamiento –y hasta traición– fue su propia militancia a la que terminaron ignorando e, incluso, despreciando.

He sostenido que el PRI, como la mayoría de los partidos, incluidos los ahora denominados movimientos Regeneración Nacional y Ciudadano, se olvidó de formar sus propios cuadros. Los primeros porque dieron preferencia a las camarillas de los gobernantes en turno o a los políticos de siempre; los segundos porque simplemente le abrieron las puertas a los resentidos, a los inconformes, de los primeros, se alimentaron de aquéllos que renegaron del partido al que pertenecieron por años y hasta por décadas.

En ese afán por recurrir al gatopardismo y presentar al “nuevo” PRI, repartiendo candidaturas y llevando al poder a quienes no tenían un trabajo partidista –la verdadera talacha– desde las bases, que no se formaron con los principios y la ética de su partido, el Revolucionario Institucional llevó en el pecado la penitencia y hoy se encuentra hundido en el desprestigio de la corrupción como nunca; hoy sufre el repudio de la ciudadanía que le dio una nueva oportunidad hace seis años y cuya confianza dilapidaron con el enriquecimiento inexplicable de quienes nos gobernaron.

Las cúpulas priístas –en el partido y en los gobiernos– creyeron de veras que representaban al “nuevo” PRI y despreciaron a sus sectores y organizaciones, y si las voltearon a ver fue solamente para repartir algunos cargos a sus dirigentes, pero sus ojos no miraron hacia quienes han trabajado una militancia que los hacía merecedores de aquellas candidaturas que decidieron entregarles a sus allegados, a sus amigos sin mayores merecimientos que ser cercanos al gobernante.

¿Dónde están los cetemistas, los croquistas, los cromistas, los cenopistas, los cenecistas, los jóvenes y las mujeres priístas? Salvo parte de estos últimos que tuvieron un aliento con el reparto obligatorio que les dio la reforma a los estatutos y la nueva ley electoral, los demás terminaron brincando a otros partidos o dándole el voto a los adversarios desde las filas priístas.

En Jalisco, los sectores y las organizaciones son meros membretes que ya no representan nada para el PRI ni para sus dirigencias, y que desde el gobierno también fueron ignorados, si no es que hasta mangoneados. Que no nos extrañe, entonces, que como en su momento los maestros, algunos de ellos decidan crear su propio partido.

¿Por qué las bases de los sectores y las organizaciones van a votar por los candidatos priístas si, para empezar, sus dirigentes les fueron impuestos desde el gobierno como si se viviera en el siglo pasado? ¿Qué compromisos hay si los ignoraron para elegir a quien los representa?

En su reflexión, el PRI debe de desaparecer como partido de sectores y organizaciones porque desde la cúpula del partido y del gobierno los exterminaron.

ES TODO, nos leeremos ENTRE SEMANA.

JJ/I