Equilibrio

Los resultados del 1 de julio le otorgaron un gran poder político al próximo gobierno. No sólo es el triunfo de AMLO, sino su victoria en gubernaturas y alcaldías que estuvieron en juego, la mayoría absoluta en el Congreso federal, así como en los locales de la mayor parte de los estados. Para que la nueva oposición ganara una votación en la cámara baja federal necesitaría que se fracturara la coalición vencedora y que los seis partidos de oposición más el PT o el PES votaran en contra de Morena, lo cual luce menos que imposible.

En cambio, Juntos haremos historia podría alcanzar la mayoría calificada que le permitiese hacer cambios constitucionales, si consiguiera el respaldo de la mayor parte de los diputados y senadores del PRD y MC. Por si esto fuese poco, los cambios constitucionales requieren el apoyo de la mayor parte de los congresos estatales, lo que era imposible hace meses. Sin embargo, Juntos haremos historia los obtuvo: tendrá mayoría absoluta en, al menos, 17 congresos locales.

Es la primera vez desde 1982 en que una elección presidencial otorga tal poder a una fuerza política, pero en aquel entonces el gobierno provenía de la estructura de total control corporativo que venía manteniéndose desde los años 20 y tenía que enfrentar una crisis económica sin precedentes. En cambio, el próximo gobierno provendrá de una fuerza histórica de oposición y no nos encontramos ante la situación caótica de 1982.

¿Esto significa que no tendrá contrapoderes significativos? No es así.

Tendremos un juego de poder y negociación entre el poder político y el económico. El CCE y el Estado dirimirán el futuro. Si el próximo gobierno es consistente, habrá una posibilidad de cambio radical en la estrategia económica, pero ello podría implicar una respuesta dañina para México por parte de los principales capitales. Si el gobierno busca un ambiente terso y estabilidad en el corto plazo, podría cancelar los cambios de fondo y reproducir las inercias que han afectado al país. La combinación de estabilidad y cambio dependerá de una capacidad de negociación hábil, tolerante y delicada de ambas partes. Los empresarios deberán aprender a pagar sus impuestos y a ceder ante el interés público. El Estado deberá aceptar que los cambios serán menos rápidos y profundos de lo que desearíamos.

¿Qué pasará con el PRI, PAN y PRD? Tampoco están muertos. El PRI sigue siendo el partido que gobierna más estados (12), lo que le dará un fuerte margen de negociación política y económica; el PAN tendrá 11 gobernadores. El PRD y MC serán claves en caso de que el gobierno federal requiera mayorías calificadas para hacer cambios. El réquiem será sólo para Nueva Alianza y PES, aunque éste último haya sido parte de la coalición ganadora.

¿Y la postura de Trump y de los intereses económicos internacionales? Es la historia para el próximo capítulo.

iroman@iteso.mx

JJ/I