Qué cosas tiene la vida, Mariana

No ha de haber sido fácil para Mariana Fernández Ramírez, secretaria general del Comité Estatal del PRI, redactar el discurso que pronunció anteayer en la ceremonia con motivo del 146º aniversario luctuoso de Benito Juárez, en la explanada de la sede estatal del partido, en el marco de la peor derrota electoral que hayan sufrido y que en nada se compara con la de 1995.

Ignoro cuánto tiempo le llevó redactarlo, cuántas veces lo corrigió en la pantalla de su computadora, qué tanto le quitó y le puso una y otra vez, hasta que quedó satisfecha y consideró que estaba pulido para ser escuchado por quienes quisieran asistir a un evento que ya no despierta el mayor interés entre la militancia.

También ignoro si el presidente del partido, Ramiro Hernández Ramírez, le encargó ser la oradora o ella solicitó serlo. Una u otra cosa, tampoco se conoce la razón o el porqué.

Y de que no fue fácil redactar ese discurso, no tengo duda. Y digo que no lo fue porque si alguien conoce qué se hizo al interior del partido antes y durante las campañas y todo el proceso electoral, haya sido bien o mal, fue ella, pues como nadie transitó como segunda de a bordo de tres presidentes: José Socorro Velázquez Hernández, Héctor Pizano Ramos y Ramiro Hernández García.

Pero no sólo eso. No sé cuántas cosas pasaron por la mente de Mariana Fernández al momento de leer su texto, cuando ella vivió en carne propia la experiencia de la amarga derrota como candidata a diputada local por el distrito 10. Así se leyó lo sucedido: La secretaría general del PRI perdió su elección y enviada a la quinta posición, después de los candidatos del PAN, del partido Movimiento Ciudadano que fue el triunfador, de Morena y de la candidata sin partido Susana Ochoa.

Ante esta realidad, insisto, no debió haber sido nada fácil para Mariana Fernández redactar y pronunciar este discurso.

Pero aún hay más. Luego de haber trabajado como secretaria general del PRI, ¿qué sentimiento invadió a la ex titular del Instituto de la Mujer cuando expresó: “Estamos pagando la falta de respeto a la militancia que nos merece las más sentidas de nuestras disculpas”?

Y qué cuando agregó: “Nos merecen las más sentidas de nuestras disculpas y debemos asumir el compromiso de nunca más tomar decisiones al margen de nuestros militantes y de nuestros simpatizantes; nunca más traicionar en los espacios de gobierno a los que pusieron la esperanza en nosotros; nunca más permitir la imperdonable contradicción entre lo que decimos y lo que hacemos…”.

Nadie mejor para hacer estas confesiones que quien fue secretaria general del comité estatal y que seguramente participó en la toma de decisiones en los períodos de Coco Velázquez, de Pizano y de Ramiro. Y es que ninguno de estos tres presidentes, y mucho menos Mariana, como cabezas de la dirigencia priísta, pueden deslindarse de lo sucedido. Cada uno de ellos es responsable de la parte que les corresponde en esta desastrosa derrota, como también de las pírricas victorias.

Por eso el valor de las palabras expresadas por Mariana Fernández, porque nadie como ella, que aún se mantiene en la segunda posición de la dirigencia del PRI, para salir a decirle a los priístas qué fue lo que se hizo para haber sido avasallados como lo fueron por sus adversarios. Y en lo que dijo, va su parte de responsabilidad.

Lástima que fue muy pobre el auditorio que asistió a la ceremonia o qué lamentable que no se hayan pronunciado estas palabras en un acto que hubiese tenido como marco a la Comisión Permanente –donde muchas cosas deben de deliberarse– o al Consejo Político Estatal –donde muchas decisiones deben de tomarse–.

El resto de su discurso fue un lugar común, que bien pudo haberse pronunciado en 1995, en 2000 o en 2006, y que en 2018 no acabaron por entenderlo.

ES TODO, nos leeremos ENTRE SEMANA.

JJ/I