Don Gabo: caballero de la política

“¿Aspiraciones? No tengo ninguna. Ninguna para algún cargo público. No tengo aspiraciones porque pienso que ya he cumplido en los tres cargos que me han encomendado y, gracias a la Providencia, he logrado mi objetivo: hacer el bien y salir con bien”, me expresó don Gabriel Covarrubias Ibarra a mediados de marzo de 1994, cuando junto con el de Eugenio Ruiz Orozco e Ismael Orozco Loreto, su nombre se mencionaba en los corrillos políticos para ser el candidato del PRI a la gubernatura.

Y agregó: “Mi vida ya la tengo hecha, estoy próximo a entrar al invierno, el mundo es de los jóvenes; de los jóvenes con experiencia, de los jóvenes maduros… pienso que no es mi momento y que insisto, hay jaliscienses con mejores merecimientos”.

Lo anterior lo escribí en mi columna Entre Semana del 18 de marzo de 1994 que en aquellas fechas publicaba en el extinto diario Ocho Columnas. Y en ese espacio, tres años después –el 15 de enero de 1997- escribí lo siguiente que considero pertinente recordar:

“¿Cuántos priístas habrá como don Gabriel Covarrubias Ibarra que ‘no son’ políticos como él dice, pero continúan con una fructífera carrera en este ámbito?.

“Sin ser político, Covarrubias Ibarra fue tesorero del Estado en la administración de don Enrique Álvarez del Castillo; sin ser político, logró la candidatura y fue presidente municipal de Guadalajara, en el primer trienio de la administración de Guillermo Cosío Vidaurri; sin ser político, encabezó el Patronato de Reconstrucción de la zona siniestrada el 22 de abril; sin ser político, fue senador de la República; sin ser político, logró la candidatura a la diputación federal por el primer distrito donde las circunstancias actuaron en su contra y perdió frente a un desconocido panista; sin ser político fue integrado a la lista de candidatos a diputados locales plurinominales y llegó al Congreso del Estado; sin ser político, ahí sigue, tan campante, demostrando la valía de quienes dicen ‘no ser’ políticos.

“Aunque dentro del PRI hay quienes no están de acuerdo en su forma de hacer política –efectiva, pero sin la espectacularidad de otros-, don Gabriel Covarrubias hace sentir su presencia… y también su ausencia. Y si no, que lo digan el dirigente estatal del PRI, José Manuel Correa Ceseña, y el coordinador de la fracción legislativa, César Gabriel Alfaro, quienes fueron determinantes para que Covarrubias Ibarra declinara a su decisión de solicitar licencia…

“Pese a ser calificado de ‘priísta empanizado’ por sus propios compañeros de partido, hasta sus detractores dentro y fuera del PRI le reconocen su lealtad e institucionalidad. Eso le ha valido tener la autoridad moral y política para tomar la decisión de solicitar licencia y para dar marcha atrás sin que nadie le recrimine nada.

“Quiérase o no, y aunque esa no haya sido su intención, el capital político de Covarrubias Ibarra registró un alza con su reciente decisión de separarse de la diputación local, aunque finalmente decidió no concretarla. Y también, quiérase o no, las fracciones priístas y panistas en el Congreso terminaron por respirar aliviados, ante la eventual integración del dirigente barzonista Maximiano Barbosa Llamas, como relevo de Covarrubias Ibarra…”.

Y como lo anterior, hay mucho qué decir todavía de don Gabriel Covarrubias Ibarra, uno de los “no políticos” que escribió una importante historia en la política de Jalisco, que dejó un legado de alumnos en el ámbito político-financiero que han destacado en la esfera pública–también tuvo algunos descarriados- y, lo más importante, que será recordado como un excelente ser humano, un hombre generoso –derrochó consejos, ayuda y apoyos-, honesto, leal e institucional.

Don Gabriel Covarrubias Ibarra falleció el día de ayer. Descanse en paz, el caballero de la política.

ES TODO, nos leeremos ENTRE SEMANA.

JJ/I