Un fracaso llamado PRD

Un documento revelado ayer por el periódico El Universal sobre el balance elaborado al interior del Partido de la Revolución Democrática respecto a su participación en el pasado proceso electoral deja ver la amarga y cruda realidad a la que hoy se enfrenta este partido. El texto concluye:

“La coalición a la que se integró el PRD fracasó, principalmente por el candidato que la encabezaba. Es irrebatible la evidencia de nuestro voto cruzado, nos equivocamos. Es muy posible que, con candidato propio, el resultado electoral no hubiera sido peor, en cambio, el beneficio político sería mucho mayor”.

De acuerdo con dicho documento referido por el diario capitalino, sólo 54 por ciento de los perredistas que votaron por diputados de su partido lo hizo a favor del panista Ricardo Anaya por la Presidencia de la República; o sea que 46 por ciento decidió votar por otro candidato, que seguramente fue Andrés Manuel López Obrador. Esto quiere decir, concluye, que el famoso voto cruzado fue también un rotundo fracaso.

Las cifras para el perredismo después del 1 de julio son dramáticas, casi aterradoras: perdió 12 por ciento de su voto duro y 7.1 millones de votos respecto a las elecciones de 2012 (16.6%) y 1.3 millones en cuanto a las de hace tres años en 2015. Y si bien el PRI perdió 7.2 millones de votos comparado con la pasada elección presidencial, el PRD concluye que el tricolor “con sus espacios de poder y su base militante puede intentar un resurgimiento”, mientras el partido del sol azteca mantuvo el registro gracias a sus “simpatizantes más duros”.

¿Qué tanto contribuyó el perredismo de Jalisco a la debacle nacional? Sin lugar a dudas mucho, pues la diferencia de votos por la gubernatura obtenidos en esta elección comparativamente a la de hace seis años en 2012 y a la de 2006 –donde fue en alianza con el PT- es abismal. Y mucho tendrá que ver que en aquellas dos elecciones su candidato presidencial fue Andrés Manuel López Obrador, candidato de izquierda, y ahora fue Anaya Cortés, candidato de derecha.

En 2006 la alianza PRD-PT obtuvo 224 mil 590 votos por la gubernatura; seis años después, en 2012, disminuyó a 115 mil 485, pero ahora en 2018 logró la ridícula cantidad de… ¡35 mil 107 votos!

Por supuesto que no sólo el factor AMLO contribuyó a la caída del perredismo en Jalisco, sino también el hecho de que el grupo que lo controla (Grupo Universidad) apoyó para este cargo al candidato del partido Movimiento Ciudadano, Enrique Alfaro, y el abanderado del PRD jugó simplemente de manera testimonial, prestándose más bien a esta farsa electoral.

Pero no sólo eso, sino que los candidatos a las diputaciones locales menospreciaron las siglas de su partido y contendieron refugiándose en las de Movimiento Ciudadano, aprovechando que iban en alianza, lo que les permitió ser arrastrados por la ola alfarista y asegurar su llegada al Congreso del Estado, ya sea por mayoría relativa o plurinominal.

¿Cuál será el destino del perredismo jalisciense de continuar atado al control del Grupo Universidad, que todo indica se mantendrá aliado con el alfarismo, aunque se ignora por cuánto tiempo? Tras el desastre electoral en el país, ¿la dirigencia nacional seguirá dejando en manos del padillismo el control estatal? ¿Les será redituable tener una franquicia en Jalisco más que un comité estatal? ¿Cuánta lástima seguirá generando el perredismo local, ante el desinterés mostrado por quienes lo tienen bajo su control? ¿O será que no tienen el menor interés por rescatarlo?

Y en el Congreso estatal, ¿qué defenderán los diputados perredistas que llegarán bajo la tutela del alfarismo? ¿Qué principios guiarán su conducta? ¿Qué doctrina defenderán? ¿Seguirán denominándose perredistas o hasta eso los avergonzará? Al tiempo.

ES TODO, nos leeremos ENTRE SEMANA.

JJ/I