Los pasos de Arreola en Guadalajara

En estancias de diversas duraciones, Juan José Arreola caminó por esta ciudad. Iba a comprar libros, a su trabajo en un diario local que le ofreció el puesto de director de distribución antes de que el éxito literario comenzara. Comió, bebió, dio clases y vio los últimos paisajes previos a su muerte en estas mismas calles.

Según ha contado el propio escritor en entrevistas, la primera temporada que pasó en la ciudad, venido desde Zapotlán, fue en 1934; luego regresó a Zapotlán y se fue a la Ciudad de México, donde vivió hasta los años 40; después se fue a Manzanillo y a Zapotlán para regresar a Guadalajara en 1942.

Aquí se reúnen algunos puntos claves de su andar por esta ciudad desde la que también esbozó los primeros albores de sus historias escritas, el teatro, cuando conoció al actor  Louis Jouvet, cuando ganó una oportunidad para estudiar en París y también vio nacer a Claudia, su primera hija y escribió, antes, cartas de amor a su querida Sara.

EL CAFÉ APOLO

Como muchos intelectuales en los años 40, Arreola también se reunía en el Café Apolo, ubicado entre las calles Juárez y Galeana. El cronista José Guzmán Anguiano cuenta que ahí se gestaron proyectos literarios como la revista Pan que dirigió el maestro zapotlense.

Ahí mismo lo conoció Emmanuel Carballo en 1952, quien luego escribió textos sobre él. “Allí nos juntábamos al mediodía y por la noche los escritores tapatíos, tanto los maduros como los jóvenes, en la mesa ocupada regularmente por Adalberto Navarro Sánchez”, describe en el libro Ya nada es igual: Memorias (1929-1953), editado por el Fondo de Cultura Económica.

TEATRO COLÓN

En uno de los perfiles que hizo sobre Arreola, Antonio Alatorre cuenta algunas de las vivencias que compartieron durante 1940, una de las temporadas que el autor de Confabulario pasó en la ciudad. “Entre tantas otras cosas, Arreola me enseñó a ver cine. Concretamente, cine francés”, cuenta en este texto publicado en una revista cultural. “En 1944/45 el Teatro Colón de Guadalajara vivía de películas francesas anteriores a la Guerra. Arreola se las sabía de memoria (fue así, mirabile dictu, como aprendió a hablar francés, incluidas la expresión facial y la mímica), pero las veía una vez más conmigo, encantado de la vida. En ciertos momentos me daba un codazo: ‘Fíjate en la escenita que viene ahora’".

El lugar ahora es el espacio de una serie de comercios. Se ubicaba en la calle Colón, casi cruzando con Juárez, en el 338.

FARMACIA DE LAS HERMANAS DÍAZ DE LEÓN

En una entrevista que le hizo Vicente Leñero a Arreola sobre su relación con Rulfo y después de negar varias veces las posibilidades de haberse encontrado cuando eran unos niños en el sur de Jalisco, sino que fue hasta 1943, el zapotlense cuenta: “Y entonces, después de la revista Eos, que es en 1943, a fines del año, y a principios del 44, sucede el encuentro con Juan Rulfo, con Antonio Alatorre, con Alfonso de Alba —un hombre muy importante ahorita—, con Arturo Rivas Sainz y con Adalberto Navarro Sánchez… Y aquí viene ya lo que me importa. Fue Adalberto o Arturo quien me presentó con Juan Rulfo en la farmacia de las hermanas Díaz de León, en las calles de Hidalgo y Tolsá o Morelos y Tolsá. Ahí”.

A este mismo lugar, parece, su esposa Sara enviaba las cartas que intercambiaban cuando estaban separados.

Sobre la relación con Rulfo contó en la entrevista con nostalgia de lo bonita que era Guadalajara que acababa en los Arcos, y sobre la casa de las tías donde Rulfo vivía, donde compartían libros y escuchaban música de la colección de discos que el escritor de El Llano en llamas conservaba. “Y a caminar por las calles tristes de un domingo en Guadalajara, sin dinero, sin nada que hacer. Yo estaba a punto de casarme y él andaba apenas… creo que apenas iba a conocer a Clarita”.

LA LIBRERÍA FONT

Amantes de los libros, parte de las anécdotas de su vida literaria en ciernes ocurren en librerías. Como parte de estas anécdotas de bibliófilo consumado, Arreola contó varias historias sobre los libros que traía a Guadalajara Juan Rulfo cuando regresaba de sus viajes a Ciudad de México y que entonces citaba a sus amigos para comprar o elegir la selección. En una de esas historias aparece la librería Font, que contaba entre sus ejemplares con libros importados. En una de esas anécdotas dijo: “Estábamos esperando —como la guerra había interrumpido los envíos de España— esperábamos Buenos Aires de Rodillas. Cuando la librería Font sacaba libros de Buenos Aires: ahí estaba el grupo. Éramos, haz de cuenta, zopilotes”.

Estuvo ubicada por la calle de López Cotilla 442, entre Ocampo y Galeana. Constituyó, y que el arquitecto y cronista tapatío describió como “una de las intervenciones más atinadas de la arquitectura moderna en la zona tradicional del Centro de Guadalajara”.

ITALIA 803

A la casa de la calle Italia en el número 803, de los papás de la novia, regresaron Sara y Juan José después de desposarse en el templo de la Santísima Trinidad el lunes 12 de julio de 1944, donde atendieron a sus invitados y desde donde partieron hacia Uruapan, donde fue su luna de miel.

GANDHI

Ricardo Sigala comentó que algunas veces encontró ahí al maestro: recomendando libros a quienes lo reconocían y se acercaban para saludarlo y contando anécdotas de algunos de los autores que se encontraba. Dijo que incluso notaba que semana tras semana se reunían el mismo día a la misma hora varias personas conocidas, como si se tratara de un club espontáneo para escuchar al maestro.

LA ÚLTIMA VIVIENDA

La última casa en Guadalajara a donde sus amigos y discípulos fueron a visitarlo, algunos incluso para verlo por última vez, estaba ubicada en la calle Córdoba, en la colonia Providencia, donde recibía entrevistas y a amigos a jugar ajedrez o charlar sobre cualquier tema. Vicente Preciado Zacarías, uno de sus alumnos y cercanos amigos, ha descrito el lugar como un departamento lleno de escaloncitos y de cosas con las que él se tropezaba.

JJ/I