AMLO y Alfaro: ¿corazoncitos?

No fue una sola fotografía, fueron varias las imágenes con las que, al parecer, Andrés Manuel López Obrador, presidente electo, quiso ayer enviar a los jaliscienses el mensaje de que las diferencias con el gobernador electo Enrique Alfaro Ramírez habían quedado atrás, que son cosas del pasado.

Más allá de aquéllas que dieron fe de la reunión de trabajo donde López Obrador y Aristóteles Sandoval ocuparon la cabecera de la mesa y a su diestra se colocó Carlos Lomelí Bolaños, próximo coordinador estatal, y a su diestra, Alfaro Ramírez, ambos frente a frente por vez primera después del proceso electoral, en redes sociales circularon varias fotografías y hasta un video.

En una de ellas aparecen los cuatro posando para las cámaras: López Obrador, Sandoval Díaz, Alfaro Ramírez y Lomelí Bolaños, ambos por vez primera hombro con hombro –aunque hay otra en la que se saludan de mano afuera del palacio de gobierno–; otra más donde ya no aparece el ex candidato a la gubernatura de Morena y en la que Andrés Manuel abraza a Aristóteles y a Enrique, y éstos lo toman de la cintura; y el video donde con los dos gobernadores, el que está en funciones y el electo, Andrés Manuel explica el monumento a sus espaldas: las figuras de Guillermo Prieto, Benito Juárez y los soldados que recrean aquel momento –que AMLO explica en el video–, cuando Prieto se interpone y dice aquella famosa frase de que “los valientes no asesinan”.

Pero además de todas las imágenes anteriores hay otra con un mayor significado político y que deja en el aire infinidad de interrogantes. En ella están Andrés Manuel López Obrador, a su derecha su amigo Esteban Garaiz Izarra, a su izquierda Enrique Alfaro Ramírez y a su frente su ex colaborador Enrique Ibarra Pedroza, alrededor de la mesa de un restaurante donde una silla quedó vacía.

Me quedo con la creencia de que el artífice y operador de este encuentro entre López Obrador y Alfaro fue Garaiz Izarra, amigo personal de Andrés Manuel, y quien no tuvo empacho alguno en pronunciarse públicamente a favor de su tercera candidatura presidencial. Si no fue así, por los antecedentes de la relación de quienes ahí estuvieron, así lo interpreto.

Hay quienes creen que en esa mesa faltó alguien: Carlos Lomelí. Difiero. El ex candidato de Morena a la gubernatura nada tenía que hacer en esa reunión que tuvo un motivo más allá de un simple encuentro entre el próximo presidente de la República y el futuro gobernador de Jalisco. Se trató de una reunión entre quienes siendo aliados hace seis años, rompieron toda relación y se convirtieron en adversarios, por no decir enemigos, al grado de que el primero tachó públicamente al segundo de “traidorzuelo”, aprovechando el marco de una campaña política, pero que ahora, a partir de diciembre, tendrán que trabajar unidos, en colaboración y coordinación.

Sí, es cierto, Lomelí y Alfaro también fueron aliados y hoy son adversarios, pero este asunto se cuece aparte.

Sin duda López Obrador y Alfaro envían un mensaje positivo a los jaliscienses. No tanto con las fotografías captadas en palacio de gobierno, pero sí con la que da cuenta de su encuentro privado que, la verdad, nadie apostaba que pudiera darse. Y el que se haya filtrado la imagen no fue cosa fortuita, por supuesto.

¿Limaron asperezas Andrés Manuel y Enrique? ¿Hubo reconciliación? ¿Se establecieron las reglas del juego de la que será una relación institucional entre los dos próximos gobernantes, sin dejar de ser personalmente adversarios políticos?

“Los municipios y estados son libres y soberanos, y tengo que ser respetuoso de las autoridades locales. Nada de pleito, no vamos a confrontarnos”, aseguró López Obrador en su discurso pronunciado en la Plaza de la República. Pero como dijo Santo Tomás: “Ver para creer”. Al tiempo.

ES TODO, nos leeremos ENTRE SEMANA.

JJ/I