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Que sea ley

Iba a escribir sobre la noticia que sacudió Jalisco y ha dado de qué hablar en medios nacionales y extranjeros toda la semana: el hallazgo de un par de cajas de tráiler llenas de cadáveres. La historia ya todos la conocen: ante la falta de espacio, el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses guarda cadáveres en ellas, saltándose cualquier protocolo que apueste por un trato digno a los restos de esas personas y con cero empatía por sus familiares. Aristóteles Sandoval cortó cabezas y prometió, como dicta el lugar común, investigar “hasta las últimas consecuencias”. Que vaya y las busque en una de las cajas: quizá las encuentra ahí, junto con la legitimidad que no ha obtenido en casi seis años de gobierno.

Lo que pasó en Jalisco es síntoma de una enfermedad mayor: en casi 12 años de violencia creciente, el estado no ha aprendido nada. Está permanentemente rebasado, sin protocolos, es insensible e ineficaz, y es la sociedad civil la que ha debido movilizarse y atender la contingencia. De no ser porque hay familias, historias, vidas destrozadas y una pesadilla horrorosa de por medio, lo que de esta semana sería una comedia: autoridades que se avientan la bolita, un fiscal de vacaciones y un gobernador que promete investigar, pero que comienza a despedir gente antes de cualquier investigación. Ridículo: en una de ésas se despide a sí mismo.

Como muchos han escrito sobre el tema (me permito recomendar la columna Muertos errantes, de Rubén Martín y publicada ayer en El Informador), quiero aprovechar el espacio para contarles que diversos colectivos feministas realizarán la próxima semana una serie de actividades para poner sobre la mesa el tema de la legalización del aborto. Sí: en Guadalajara. El programa incluye una conferencia, una charla y un foro, para cerrar con una marcha el 28 de septiembre.

Los argumentos de quienes buscan que el aborto sea legal, seguro y gratuito tienen que ver con dos líneas principales: reducir el número de muertes por abortos clandestinos y, sobre todo, defender el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo. De inmediato saltarán los provida a hablar de las dos vidas y “el niño no nacido” y demás argumentos que, en el fondo, sólo busca perpetuar leyes surgidas de un dogma que, vaya sorpresa, no todas las personas comparten. A ellos habría que decirles que si no les gusta el aborto, que no aborten; si se asumen “defensores de la vida”, está bien: que la defiendan en sus vidas, no en las ajenas. Lo que los autodenominados defensores de la vida no quieren –o no pueden– entender es que el aborto legal no obliga a abortar, es decir, no les orilla a ir contra sus creencias. Criminalizarlo sí hace que otras personas vayan contra las suyas.

En el debate vamos a ver a las y los políticos sudar frío, titubear, tomar posturas tibias y dar respuestas ambiguas. A ellos hay que decirles: no se asusten: nadie les está pidiendo que promuevan el aborto o que estén a favor, sólo que diseñen un marco legal para que quien lo requiera o lo decida pueda recurrir a él de forma segura y sin ser criminalizado.

Se vienen días de polarización, de debates álgidos y de confrontación. Lo vimos en Argentina y lo vamos a ver acá. Nos toca leer mucho, informarnos y tener presente que la exigencia de las mujeres es mucho más amplia: “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”. Que sea ley.

evelascob@gmail.com

JJ/I