Morgue rodante: ¿más ceses?

Escuchar al gobernador Jorge Aristóteles Sandoval Díaz confesar a los jaliscienses que “tengan la certeza plena de que el gobernador del estado no fue enterado de la situación de los cuerpos, su acumulación y sus traslados”, en torno a la morgue rodante con 273 cadáveres, además de escalofrío provoca preguntarnos: ¿y todo se resuelve con cesar al fiscal general Raúl Sánchez Jiménez –que andaba de vacaciones cuando estalló el escándalo– y al titular del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses, Luis Octavio Cotero Bernal? ¿Eran ellos los responsables de notificarle directamente este asunto al mandatario estatal? ¿En ninguna audiencia que ambos ex funcionarios tuvieron con el gobernador –que seguramente no fueron pocas– se atrevieron a informar de lo que hoy Sandoval Díaz asegura no haber sabido con anticipación? ¿Por qué no lo hicieron si el caso lo ameritaba y la crisis que se avecinaba era inevitable?

Tras el despido de Cotero Bernal, primero, y de Sánchez Jiménez, después, no fueron pocos los que voltearon y apuntaron a la Secretaría General de Gobierno y a su titular, Roberto López Lara, como parte también responsable de que la morgue rodante fuera una noticia que, literalmente, le dio la vuelta al mundo y colocó a Jalisco como ejemplo de lo que sucede en el país en una guerra contra el crimen organizado y entre organizaciones enemigas ligadas al narcotráfico, que ha dejado cientos de miles de muertos y cientos de desaparecidos.

No son pocos, reitero, lo que esperan que López Lara le siga los pasos a Sánchez y Cotero, pues no sólo es el responsable de la política interna en la entidad, sino que se han hecho públicas varias evidencias de que tenía conocimiento de que no había lugar dónde guardar tantos cadáveres no identificados ni reclamados y que en su momento se le solicitó su ayuda e intervención para menguar el problema. ¿Pero qué pasó? Que hizo oídos sordos.

Ahogado el niño pretenden tapar el pozo, como dice el sabio dicho popular, pero con una medida que al momento de anunciarla ya quedó rebasada. El mandatario estatal, en su visita a las instalaciones del IJCF, anunció la construcción de una cámara frigorífica para 300 cadáveres. La pregunta inmediata que surgió fue: ¿y dónde serán colocados los 144 restantes, considerando que se reveló que la cifra total de cuerpos no identificados ni reclamados son 444? Y otra: ¿dónde se guardarán los cadáveres que día a día siguen apareciendo en las calles y fincas de la zona metropolitana? Simplemente al día siguiente de este anuncio del gobernador nos enteramos de que fue encontrada una fosa más con cuatro muertos en Tlajomulco. Y así es la realidad día a día en la metrópoli tapatía, donde no hay otra suma a considerar que la de los muertos cada 24 horas.

Le restan a la actual administración estatal poco más de 60 días para concluir y su cierre no será como lo habían anunciado: a tambor batiente inaugurando y entregando obra pública a lo largo y ancho del estado. La realidad –que al parecer no quisieron ver a tiempo– los rebasó y marcará a una administración que fracasó en materia de seguridad pública, con un modelo en este rubro que proyectaron, pero que nunca supieron aplicar con éxito.

Por otro lado, tras conocerse los detalles de la investigación –revelados por el fiscal de Derechos Humanos, Dante Haro Reyes– y darse la destitución del fiscal general, el ex director del IJCF Cotero Bernal desapareció del escaparate mediático. Ni una entrevista ni declaración alguna ha dado ni hecho desde entonces. ¿Dónde anda metido Luis Octavio, quien a partir de su destitución tuvo las puertas abiertas de todos los medios locales y nacionales? ¿Estará preparando su estrategia de defensa o lo declarado por Haro Reyes lo colocó en una posición incómoda y vulnerable?

ES TODO, nos leeremos ENTRE SEMANA.

JJ/I