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La praxis sociológica de la iglesia en las ciudades

En días pasados nuestra ciudad fue sede del primer Encuentro Continental de Pastoral Urbana, con asistencia de sacerdotes, obispos y personas comprometidas con el trabajo religioso de 17 países. La reflexión se dio en la Univa y se abordó cómo las culturas urbanas en las grandes ciudades representan hoy un gran desafío para la evangelización en América Latina, y en las grandes ciudades de Canadá y Estados Unidos, con fuerte presencia hispana.

La pastoral urbana, como una respuesta de la iglesia para atender a grandes sectores de la población, ayuda entender a las personas de las grandes ciudades; ver de dónde vienen, qué comen, en qué lugares, dónde hacen las compras, dónde juegan los niños; es decir, enterarse de su vida y convivir con ellas para conocerlas y comprenderlas.

Nacida en la ciudad, la pastoral se enfocaba principalmente en los barrios muy pobres y menos favorecidos. Sin embargo, actualmente existen pocas diferencias entre el modo de vida rural y el de la ciudad, tanto que incluso en comunidades alejadas las personas ya hacen uso de tecnología que las mantiene comunicadas con Estados Unidos o con Europa, de manera que la pastoral que atiende el pensamiento urbano, ve un ideal de vida que la gente tiene, y en el que necesita penetrar, no porque sea exclusivo de las ciudades.

La ciudad, entonces, es un ámbito multicultural en el que grupos de personas comparten las mismas formas de soñar la vida y similares imaginarios y se constituyen en nuevos sectores humanos, en territorios culturales, en ciudades invisibles. Ahí, variadas formas culturales conviven, pero ejercen muchas veces prácticas de segregación y de violencia. La urbe, por tanto, es la concentración en un espacio determinado de plurales culturas religiosas.

En América Latina el sistema neoliberal capitalista transformó las ciudades; sus periferias se convirtieron en ciudades dormitorios y concentran el mayor número de población en condiciones de pobreza, desigualdad, hacinamiento, con severos problemas de movilidad. La gente que más sufre es la de las periferias

La pastoral urbana reconoce que hay un pluralismo cultural, por lo que hay que analizar las plurales culturas religiosas. Por sus simbolismos, a cada cultura se le denomina ciudad-cultural religiosa. Los territorios de estas ciudades culturales son virtuales, pero claramente identificables, en otras palabras, las ciudades tienen caras o manifestaciones identificables por un habitus de comportamiento.

Sociológicamente, se identifican siete “caras de la ciudad”:

La ciudad cristiana. Es un grupo limitado que llega a la celebración dominical y que se reúne para partir el pan de la palabra y de la eucaristía y perseverar en la catequesis, en la vida sacramental y la caridad.

La ciudad de los caminantes. Numeroso grupo de católicos que expresan su fe en forma esporádica, y practican la religiosidad popular.

La ciudad de los creyentes sin iglesia. La ciudad es vivida como un supermercado o centro comercial de religiones.

La ciudad de la religión del cuerpo. La gente sincera que se va de la iglesia, no por lo que los grupos no católicos creen, sino fundamentalmente por como ellos viven.

La ciudad de la religión secular. La ciencia, la academia, la investigación y el pensamiento son lo prioritario.

La ciudad de la religión postmoderna. El centro de este habitus es el cuerpo y sus sentidos.

La ciudad de los guetos. Emos, cholos, tribus urbanas, etcétera.

El presbítero doctor José Marcos Castellón Pérez reflexiona sobre los elementos necesarios para la construcción activa de la ciudad, donde el evangelio interpele sobre la forma como administramos los recursos y la economía; en la forma en como cuidamos que los derechos humanos sean expresión pública del fermento del reino. No se puede construir una ciudad en la que el compromiso social deja de tener rostro y en la medida en que la iglesia se acerca y toca al hermano que sufre, se hilvana con filigrana el tejido social de nuestras urbes.

oceanoazul@live.com.mx

JJ/I