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Embestida mediática y polarización política

El 1 de julio concluyó la contienda electoral, pero no la contienda política. Al contrario, lejos de que la enorme legitimidad obtenida por AMLO en las urnas se hubiera traducido en una luna de miel, o al menos en una especie de tregua con sus adversarios, lo que ha ocurrido en los últimos meses ha sido una creciente polarización provocada, específicamente, por la embestida mediática hacia el activismo desarrollado por el presidente electo. El país se encuentra escindido en dos polos.

Por una parte, el futuro presidente, que ha mantenido una actividad incesante desde el día de la elección, ha terminado por llenar cualquier vacío de poder que pudiera haberse presentado en el proceso de transición. Ese período, en el que la imagen del presidente saliente se va diluyendo poco a poco en el espacio político, y que también, poco a poco, va ocupando el sucesor, nunca sucedió.

Lo que vimos fue un abrupto abandono de la responsabilidad presidencial del habitante de Los Pinos y la asunción fáctica del ejercicio del poder por el candidato ganador. Andrés Manuel, en este lapso de dos meses, ha puesto en práctica, con una disciplina casi castrense, las acciones que los conocedores de la estrategia política, particularmente Maquiavelo, recomiendan en sus manuales: apoderarse de la agenda de temas sobre asuntos públicos; establecer condiciones de gobernabilidad; apuntalar y explicar sus propuestas de campaña, y mantener la vinculación con sus electores.

Desde su triunfo electoral no ha habido asunto público de importancia en el que Andrés Manuel no asuma un rol protagónico. Bastaron dos semanas para que el presidente electo, en sendas reuniones con las cúpulas empresariales y la Conferencia Nacional de Gobernadores, estableciera un conjunto de lineamientos para impulsar el desarrollo del país. Con reuniones subsecuentes, con los diversos gobernadores, ha establecido condiciones de sinergia que garantizan la gobernabilidad.

Por otra parte, en estos meses no ha dejado de enfatizar su intención de combatir a la corrupción y buscar la pacificación. Pero el aspecto más importante es que durante este período ha otorgado especial atención para fortalecer los nexos con 53 por ciento del electorado que lo eligió, y cuyo apoyo no solamente lo ha refrendado, sino que lo ha incrementado a 63, como lo reflejan las últimas encuestas.

Finalmente, lo que su activismo ha puesto de manifiesto es su peculiar estilo de gobernar. Un gobierno dispuesto a escuchar los reclamos sociales como en el caso de los desparecidos y los maestros, así como a utilizar mecanismos de participación directa, como la consulta en el caso del aeropuerto.

En el otro polo transita un grupo variopinto, pequeño en número, pero muy poderoso debido a su privilegiado acceso a los grandes medios de comunicación. Está conformado por diversas plumas, algunas pertenecientes a la denominada comentocracia. Aunque firman sus colaboraciones individualmente, es posible advertir no sólo una amplia coincidencia en los temas que abordan, sino también en el punto de vista con que lo hacen. Casualmente son los mismos que desde la campaña no desperdiciaban el mínimo traspiés de AMLO para arrojarle sus dardos envenenados.

Ahora lo siguen haciendo y aprovechan cualquier evento o acción en que participe el aludido o miembros de su gabinete o de su círculo cercano para atizar la hoguera del círculo rojo´ y opinar reiteradamente, ya sea sobre las “contradicciones” discursivas de López Obrador, la boda de César Yáñez o más recientemente y de manera abundante el mecanismo de la consulta sobre el NAIM.

Si individualmente resultan casi insignificantes, alcanzan visibilidad cuando sus escritos son difundidos por los diarios de tiraje nacional y las grandes empresas de radio y televisión. Acostumbrados a vivir a la sombra del erario, merced a los millonarios contratos publicitarios, los grandes medios se han erigido en un irreductible actor crítico del futuro presidente y han emprendido una cruzada mediática para intentar desbarrancar el proyecto de la cuarta transformación (4T).

Los medios no se han caracterizado por impulsar la democracia en México, más bien han sido su principal obstáculo.

@fracegon

JJ/I