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La doble moral

En la lógica de defensa del libre mercado, las leyes de la oferta y la demanda dirigen a los agentes económicos hacia el equilibrio, es decir, hacia el punto óptimo, el de mayor eficiencia para todos. Ese libre funcionamiento constituye la famosa mano invisible de Adam Smith. Sólo las malas interferencias, como la del gobierno o la de los sindicatos, son las que perjudican al funcionamiento económico. Para que el libre mercado funcione correctamente, las mercancías, el dinero, los capitales bursátiles y el trabajo deben dirigirse hacia donde se les demande. Tal es la base de la llamada “globalización de los mercados”. ¿Pero realmente los mercados están globalizados?

Si nos ubicamos en el mercado bursátil, es claro que la globalización es muy avanzada: las acciones, obligaciones y bonos circulan sin interferencia en tiempo real alrededor del mundo. Por si fuera poco, las criptomonedas son un mecanismo mediante el cual el dinero se puede utilizar para un sinfín de transacciones sin que nadie se entere de quién hizo la transacción, de dónde vino el dinero ni a dónde fue a parar.

En el mercado de las divisas no hay una globalización sino tres grandes bloques mundiales: el del dólar, el del Euro y el asiático Yen–Yuan. Al trasladarnos al mercado de bienes, lejos de la globalización se fortalece el control continental de las grandes potencias. El USMCA es un bloque que mantiene abiertas las economías en Norteamérica, pero las cierra ante China y abre su presencia con la Alianza del Pacífico; la UE es un mecanismo continental de contrapeso ante el poderío asiático y norteamericano; China, Japón y Corea del Sur dirigen un sistema económico que se impone sobre Asia.

Si el capital financiero, el dinero y las mercancías se van a los sitios más rentables y estables, resulta natural que con el trabajo ocurra lo mismo. Sin embargo, esto no ocurre: cuando los humanos se desplazan hacia donde están los capitales, los trabajos y la seguridad, el supuesto libre mercado es hecho a un lado por los del poder. Los sirios ya no tienen cabida en Europa y se ahogan en el Mediterráneo; los hindúes son marginados en Inglaterra, los Turcos lo han sido en Alemania; los mexicanos y centroamericanos en EU y así sucesivamente…. Cuando la migración se vuelve significativa, la sensación de invasión empodera a los ultranacionalistas y desestabiliza a los poderes públicos.

Los hondureños que ingresan a México son producto de este sistema mundial de doble moral entre el libre mercado y la exclusión de los países y de la población más pobre. Por la historia y cultura centroamericanas, discriminar, obstaculizar, reprimir y despreciar a los hondureños es exactamente lo mismo que discriminar, obstaculizar, reprimir y despreciar a quien vemos en el espejo todos los días. Para la defensa de la soberanía, dignidad e identidad nacional, es fundamental el absoluto respeto a los derechos humanos, a la plena dignidad y a la hermandad con Honduras.

iroman@iteso.mx

JJ/I