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Sospechosa insistencia

Los vicios vienen como pasajeros, nos visitan como huéspedes y se quedan como amos
Confucio

En las últimas semanas se ha insistido persistentemente en la supuesta panacea que representaría legalizar el consumo de algunas drogas –la marihuana por ejemplo-, para su consumo no sólo con fines medicinales, sino también recreativos.

El pretexto es acabar con la violencia entre cárteles de la delincuencia organizada porque, dicen, es la guerra por los territorios del mercado negro lo que ha provocado tanta matazón, a todo lo largo y ancho del territorio nacional. Los horripilantes hallazgos de fosas clandestinas atiborradas de cadáveres supuestas víctimas de la beligerancia entre los grupos criminales nos han abierto los ojos.

Suponen quienes impulsan la iniciativa que al venderse la hierba en expendios autorizados para ello desaparecerá de esquinas, callejones oscuros y tienditas de barriada, lo que acabará el negocio de los grupos criminales que mantienen bajo su tiranía a los vecinos de las colonias donde operan.

Lo que sucederá en realidad, según algunos especialistas, es que las bandas criminales no dejarán su lucrativo negocio y lo escalarán hacia drogas duras tratando de que sus antiguos clientes se enganchen para crear un nuevo mercado.

¿Qué hará el gobierno cuando eso suceda? ¿Legalizará también las nuevas alternativas para quitar a los cárteles el nuevo negocio? El asunto se convertiría en una espiral sinfín, creando un problema sociológico que después sería muy difícil erradicar.

Por lo que se ve, las propuestas legislativas para legalizar el consumo no han sido estudiadas a fondo y las repercusiones de hacerlo están muy lejos de ser valoradas en su justa medida. Pudimos ver la semana pasada en Canadá largas filas de ciudadanos esperando para comprarse un toque, deberíamos ver qué es lo que sucede en el mediano plazo allá con las personas que pueden doparse legalmente. Tal vez encontremos que un país con sus ciudadanos sometidos constantemente a percepciones alteradas no sólo no avanza, sino que tiende a retroceder.

Salud pública

Hoy por hoy, las personas que consumen de algún tipo de droga, dejando a un lado las permitidas como el alcohol y el tabaco, ya son un problema de salud pública. El uso de los diferentes tipos de estupefacientes se ha generalizado y las víctimas de adicción suman millones de mexicanos sin importar género, edad, nivel socioeconómico, preparación académica, religión…

Pueden conseguirse con relativa facilidad todo tipo de sustancias, desde las suaves hasta las duras, las de alta pureza a las sucias hechas con mezclas de químicos cuyos usuarios terminan con el cerebro frito después de poco tiempo de consumirlas. El problema, hoy día, ya es grave, y los esfuerzos del gobierno para controlarlo a través de los centros de adicciones son como querer apagar un incendio con vasos de agua.

Estadística fatal

He podido visitar centros de rehabilitación privados. Vi ahí a niños, jóvenes y adultos de ambos sexos con la intención y convicción de dejar de consumir cualesquiera que fuera la droga que tomaban. Pude observar el esfuerzo de jóvenes rehabilitados que prestan servicio para ayudar a los que llegan en busca de apoyo y consejo para recuperar su salud, su dignidad y su autoestima.

Me llamó la atención la estadística que el sicólogo de uno de esos centros comentó. Antes, hace pocos años, la población de esos lugares estaba compuesta por hombres y mujeres adultos, personas mayores de 35 o 40 años. Ahora, la mayoría de los internos son adolescentes y jóvenes menores de 25 años. Son este tipo de datos los que deberían considerar quienes pretenden legalizar la marihuana y otras drogas. Pondrán en riesgo el futuro de México.

@BenitoMArteaga

bmacoladeleon@gmail.com

JJ/I