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El amor con robots

¿Tendrías relaciones sexuales con un robot? Aunque en muchos cause repulsión esta idea, se espera que la inteligencia artificial revolucione el mercado de los juguetes sexuales y de la pornografía en los próximos años. Algunas predicciones apuntan a que, en un par de décadas, al menos la mitad de la población estará teniendo sexo con robots que emulan a los seres humanos.

Desde un punto de vista se piensa que estos robots podrían traer beneficios sociales. Por ejemplo, podrían servir para reducir la prostitución forzosa o la trata de personas e incluso utilizarse para “saciar” los impulsos de aquellos que tienen preferencias sexuales moralmente cuestionables.

Sin embargo, ciertos grupos antiprostitución y antipornografía no están tan convencidos de que esto sea así. De hecho, parecen creer todo lo contrario: que estas prácticas fomentan la prostitución y el abuso de menores de edad. Pero… ¿por qué? ¿No se trata al fin y al cabo de objetos? La realidad es que no hay evidencia suficiente que soporte ninguno de los dos puntos de vista para alcanzar un consenso.

A principios de mes, los planes de la compañía canadiense KinkySdolls para instalar un burdel de muñecos y robots sexuales en Houston fueron frustrados por las autoridades de la ciudad, después de la presión orquestada por agrupaciones de índole religioso.

No es nada más un puritanismo norteamericano: cuando una empresa similar comenzó operaciones en París, diversos activistas cuestionaron la existencia del “centro de entretenimiento” argumentando que el uso de robots sexuales constituía una “violación”. ¿Hemos entrado acaso en la era de los derechos de los robots y de la inteligencia artificial?

Existe otra dimensión ética preocupante. Los fabricantes asumen tácitamente que su principal mercado son los varones atraídos por las mujeres, a juzgar por la mercancía que producen. Las fembots, o como se les llama a los robots que tienen características femeninas o que se asemejan a las mujeres, existen en nuestro imaginario colectivo como instrumentos para el placer masculino, a diferencia de otras visiones que tenemos de los robots neutros o con estilos varoniles. ¿Qué nos dice esto de nuestra concepción intrínseca sobre las relaciones sexo-afectivas entre hombres y mujeres?

Hay otra cuestión mucho más difícil de responder que la disyuntiva de tener sexo o no con un robot: ¿nos podremos enamorar de uno? ¿Podrán estos androides reemplazar a las parejas?

Resulta contradictorio que entre las profesiones que se piensa que no podrían ser usurpadas por la inteligencia artificial se encuentren las que requieren un alto grado de empatía y calor humano, como la enfermería, el cuidado de personas y la enseñanza, y al mismo tiempo exista una cierta ansiedad social de que los robots se vuelvan las nuevas parejas a la medida. ¿Podrá la inteligencia artificial provocar una revolución en el amor?

Opinión de: brenda.ramosv@gmail.com

JJ/I