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Sondeo disfrazado de consulta vinculante

En el país del surrealismo lo inverosímil puede volverse trágicamente cotidiano. Que un presidente electo tome decisiones sobre cancelar un proyecto de alto impacto por encima del presidente constitucional, sin escuchar las recomendaciones técnicas de expertos (incluidos organismos internacionales), arguyendo la existencia de corrupción sin presentar pruebas ni comprometerse con castigar a los responsables, desinformando sobre el origen del financiamiento del proyecto y sobre las consecuencias que su cancelación acarreará y negociando a puerta cerrada la manera en cómo va a compensar la cancelación de contratos multimillonarios ya establecidos, es un terrible anuncio de lo que está por venir.

Andrés Manuel López Obrador optó por lavar su decisión personalísima con una representación teatral autodenominada consulta, que no califica ni como encuesta y parece más un sondeo mal organizado, sesgado y muy poco representativo.

Las deficiencias de organización abarcaron desde la apertura de la mayoría de las mesas de participación fuera de la Ciudad de México bajo criterios nada claros y la inexistencia de mesas de participación en aeropuertos hasta el uso de tinta fácilmente borrable que permitía votar reiteradamente.

La parcialidad del proceso fue obvia luego de las declaraciones de Andrés Manuel, quien con su cinismo habitual dijo que sería parcial y optaría por cancelar el aeropuerto en Texcoco, con lo cual demostró que su montaje era sólo eso: un lavado de manos. Por supuesto que este garlito fue puesto en marcha antes de que tome posesión de la presidencia, porque en este momento puede hacer lo que le venga en gana en cuanto a la manera y los requisitos que deben cubrirse para convocar a una verdadera consulta popular.

Además hubo un bajísimo nivel de participación, mucho menor de lo que la ley marca como requisito tan sólo para dar inicio a la realización de una verdadera consulta.

Y ni qué decir de los oídos sordos y descalificaciones fáciles a opiniones de empresas consultoras con verdadera experiencia en el tema aeronáutico y vinculadas a instituciones de educación superior tan serias y prestigiadas como el MIT, me refiero a Mitre (consultora norteamericana) que advierte que los estudios de aeronavegabilidad para Santa Lucía pueden tardar hasta 10 años. A lo que uno de los nuevos empresarios consentidos del régimen lopezobraosrista (José María Riobóo) respondió con campechanas declaraciones señalando que aquí en México lo harán en 3 o 4 meses.

En el colmo de las cosas, están los argumentos vertidos por los corifeos a favor de que todo este montaje favorece la participación democrática ciudadana en los temas relevantes de la vida pública nacional. Todo lo cual, de tan ridículo termina por dar ternura.

raulvargaslopez@gmail.com

JJ/I