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El neoliberalismo y la Iglesia

El 1 de diciembre escuchamos como base del discurso de la investidura presidencial un análisis y una crítica del modelo económico neoliberal. En otras palabras, presentó la necesidad de un cambio real y urgente del modelo.

Su discurso en el Congreso fue un duro diagnóstico del país y de las políticas que se han implementado desde los años 80. Bajo crecimiento, endeudamiento, informalidad, empobrecimiento, privatización y mucha corrupción.

La crítica al modelo fue contundente, los números de un país que está reprobado en los índices internacionales, como el de Transparencia Internacional, que nos ubica en el sitio 135 de 176 países; un país que ha incrementado la dependencia del exterior en alimentos y combustibles; un modelo que ha deteriorado el poder adquisitivo en 60 por ciento.

La iglesia mexicana, en varios mensajes, alocuciones y posicionamientos, advertía sobre la necesidad de una economía con rostro humano. Ya desde el Documento de Aparecida de 2007 de los obispos latinoamericanos, denunciaban la globalización de matriz financiera.

El papa Francisco ha sido enfático y muy claro en este tema. La oposición a la concentración del poder del dinero lo explicita en la encíclica Laudato si’ (Alabado seas) y con anterioridad en la exhortación apostólica denominada Evangelii Gaudium (El gozo del evangelio), en el que insiste en que la “inclusión social de los pobres” y “la paz y el diálogo social” son temas centrales que los articula con la denuncia del poder financiero.

En México, los medios de comunicación, los empresarios y algunos actores sociales y políticos relativizan las palabras del papa Francisco o se hacen los desentendidos o esconden su pensamiento.

Francisco afirma: “Hoy tenemos que decir no a una economía de la exclusión y de la inequidad porque esa economía mata”. Usa un lenguaje claro, inmediato, sin retórica ni subterfugios. Misma claridad de lenguaje que utilizó en el Capitolio y en las Naciones Unidas en la gira por los Estados Unidos. Lo mismo en su discurso cuando habló ante los movimientos sociales en Bolivia, en el que condena el sistema económico de exclusión.

Francisco en sus mensajes demanda cambiar el modelo económico mundial que sólo sigue una lógica de ganancias y excluye a muchos, además de que destruye a la naturaleza.

Y señala: “Queremos un cambio, un cambio real, un cambio de estructuras. Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los pueblos. Y tampoco lo aguanta la Tierra, la hermana Madre Tierra, como decía San Francisco”.

En Laudato si’ advierte: “Cuando el dinero se convierte en ídolo y dirige las opciones de los seres humanos, cuando la avidez por el dinero tutela todo el sistema socioeconómico, arruina la sociedad, condena al hombre, lo convierte en esclavo”.

E insiste en que “ningún poder fáctico o constituido tiene derecho a privar a los países pobres del pleno ejercicio de su soberanía” y lamenta que esto dé vida a “nuevas formas de colonialismo que afectan seriamente las posibilidades de paz y de justicia”. Y además declara que se debe para rescatar la labor de la política como un servicio.

El papa defiende el rol del Estado en la regulación de la economía y al servicio de la ampliación de derechos sociales. Pero a la vez rechaza enérgicamente la libertad del mercado que termina imponiendo la verdad del dinero y los poderes fácticos.

El presidente en el Zócalo desarrolló 100 puntos con los programas de su gobierno y la ruta de la redistribución del ingreso. Los recursos vendrán de los ahorros por el combate a la corrupción y los recortes al gasto mediante una radical política de austeridad.

Surgen dos preguntas trascendentes: ¿es posible tener un nuevo desarrollo estabilizador en México? ¿Serán suficientes los recursos públicos sin hacer una profunda reforma fiscal?

oceanoazul@live.com.mx

JJ/I