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Cuando una sociedad ‘normaliza’ la violencia

¿En qué momento, cuándo, cómo o por qué la sociedad contemporánea hizo de la VIOLENCIA un acontecimiento NORMAL? Abordemos el fenómeno de la violencia, particularmente en la ciudad de Guadalajara; ¿qué fue lo que nos llevó a considerar que la violencia es normal?

La frecuencia. Sería acaso la frecuencia con la que se fueron presentando hechos violentos como las ejecuciones, los asaltos a mano armada, las lesiones por arma de fuego, los secuestros o levantones. El primer ejecutado escandalizó a la sociedad tapatía, luego fueron dos en un mes; después, uno por semana; enseguida, uno diario, hasta que llegaron a ser ocho los ejecutados por día en el estado de Jalisco y entonces la frecuencia del fenómeno nos condujo engañosamente a considerar como normal la violencia, sobre todo en una ciudad “tan violenta” como Guadalajara. El fenómeno de la violencia pasó por el filtro del anonimato. Víctimas y victimarios sin nombre, todos ellos NN, y fue entonces que los ciudadanos decidieron que la VIOLENTA era la ciudad y no las personas.

El lenguaje. Aunque en el lenguaje común empleamos indistintamente los términos agresividad y violencia, ambas palabras tienen un significado diferente. El ser humano es agresivo por naturaleza, pero violento por cultura. Luis Rojas Marcos afirma que “las semillas de la violencia se siembran en los primeros años de vida, se desarrollan durante la infancia y comienzan a dar sus frutos perversos en la adolescencia”. ¿Cuál es la intención o el propósito de informar acerca de la escalada de violencia, el incremento de hechos delictivos? ¿Denunciar? ¿Escandalizar? ¿Concientizar?

Algunos medios de comunicación producen programas que trascienden el interés de la sociedad por estar informada de la realidad y, por ende, de la situación de la violencia, y llegan al escándalo o la imprudencia en sus emisiones. Resulta interesante darnos cuenta que desde el uso del lenguaje (comunicación) la sociedad erradicó la muerte de su experiencia cotidiana, privada y familiar. Cuando un miembro de la familia se enferma de gravedad y está próximo a la muerte lo enviamos a morir en instalaciones hospitalarias, entre desconocidos, lo velamos en salas dispuestas para ello; entonces la muerte ya no se da en nuestros hogares, en la intimidad y rodeados de nuestros seres queridos, no hablamos más de la muerte ni de nuestros muertos.

Será por eso que, entonces, las personas “pierden la vida”, ya no son asesinados ni muertos. Seguramente más de una vez hemos escuchado o leído acerca de “volcanes asesinos”, “tormentas torrenciales asesinas”, “huracanes, ciclones asesinos”, “sismos y terremotos asesinos”. Hemos llegado al extremo de arrebatarles la muerte hasta a nuestras mascotas; ya no se mueren, ahora “se duermen” o las llevamos “a que las duerman”.

Hay otra variable que interviene respecto a normalizar la violencia. Hablamos de la seguridad pública o seguridad ciudadana. En años recientes, estudiosos del fenómeno de la violencia como Michel Foucault, Bauman Zygmunt y Byung-Chul Han, entre otros, vienen señalando cómo la sociedad occidental ha enfrentado históricamente la violencia: sacrifican y/o pierden libertades a cambio de ganar en seguridad ciudadana.

Esto es cierto y efectivo en otras latitudes, no así en nuestro país y muy particularmente en nuestra ciudad de Guadalajara. Hemos perdido muchas de nuestras libertades esperando obtener mayor seguridad, el resultado ha sido rotundamente negativo. Perdemos el libre tránsito por nuestro país con los retenes y/o toritos, y sigue habiendo ejecuciones, secuestros y levantones, lo mismo que accidentes de tránsito en los que los conductores conducen en estado de ebriedad... entonces, la supuesta estrategia gubernamental es un rotundo fracaso. Nos quitan lentes, gorras y celulares para entrar a un banco y qué resulta, seguimos siendo asaltados al salir del banco si hacemos algún retiro en efectivo. Es decir, hemos perdido la libertad y padecemos mayor inseguridad.

mautiwaki@gmail.com

*Psicoterapeuta y catedrático de la Universidad Marista de Guadalajara

JJ/I