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¿Beneficio social?

Vota a aquel que prometa menos. Será el que menos te decepcione
Bernard M. Baruch

Hay decisiones de gobierno que son cuestionables aunque la intención que las origina sea legítima. Sucede cuando se enarbola una bandera que cuenta con gran respaldo social, pues pretende terminar de tajo con prácticas consideradas por todos como un cáncer que corroe a la sociedad en general. Me refiero a la tan llevada y traída corrupción. Cuando se asegura que se emprende una lucha contra tan fatídico mal social, parecería que cualquier acción tomada y todo sacrificio exigido son males menores, frente a la colosal meta que se ha autoimpuesto el gobernante.

¿Es así?, tal vez. La realidad es que los sacrificios a los que estamos dispuestos los ciudadanos de a pie, gente de bien que con sus impuestos sostiene toda la maquinaria del Estado, no siempre coinciden con lo que exige, espera o desearía el gobernante que encabeza la titánica gesta con tan nobles objetivos.

Y es que, fuera de un estado de guerra real, ¿quién está dispuesto a poner en riesgo el sustento propio y de su familia, colocándolo al servicio de resultados dudosos? Por muy atractivo que sea el objetivo, la realidad es, me parece, más que evidente: nadie.

Así sucede con la cancelación de los subsidios otorgados a las guarderías o estancias infantiles, que pondrá en riesgo la posibilidad de muchas mujeres para trabajar. No niego que existan vicios en el manejo de los subsidios. Seguramente los hay y muchos. Pero es importante señalar que no es cancelando la prestación como se corregirán sus deficiencias, sino auditándolas y castigando a quienes abusan de ellas.

Inmoralidades y legalidades

Durante los poco más de dos meses de Andrés Manuel López Obrador en la Presidencia son muchos y variados los excesos cometidos que, aunque autojustificados, no dejan de representar licencias indebidas en un gobernante serio.

El periodista y dibujante Calderón publicó un cartón que señala puntualmente varios de estos deslices de AMLO, que claramente mide con diferente vara a propios que a extraños. Me referiré a algunos de ellos.

Intercambios

Dice Calderón –a propósito de Paco Ignacio Taibo II– que “cambiar la ley para favorecer a un cuate es inmoral… pero una vez que se cambió ya no es inmoral, porque es legal”, y nos tendremos que aguantar. Así también, las “reformas neoliberales son de suyo inmorales y por ende hay que hacerlas ilegales”, que se frieguen los fifís que tienen contratos derivados de la reforma energética, como la producción de energía eléctrica limpia, por ejemplo.

También señala que “recortar sueldos y correr empleados sin respetarles sus derechos laborales es ilegal e inmoral… pero tratándose de burócratas seguro eran corruptos”, lo que abona al desempleo, a la informalidad y hasta a la inseguridad. Y, a propósito del olvidado penthouse, dice que “sacarles trapitos al sol es legal y moral, pero… ¡Qué ganas de estar txingando! ¡Déjenlo trabajar!”.

Cambio de aeropuerto

Finalmente, aquí un apunte sobre algo en apariencia trivial. Hace poco comentarios de café decían que no puede compararse a México con Venezuela, ya que, allá, Chávez era militar y tenía de su lado a un grupo de militares de alto rango –tanto que, cuando tras un golpe de Estado lo hicieron preso, fue liberado por órdenes de ellos–; en cambio en nuestro país el gobierno es de civiles y ninguno de los colaboradores cercanos a AMLO ha estado en el Ejército –tal vez ni para el servicio militar–, por lo que sería muy difícil lograr los cambios necesarios para permanecer en el poder por tiempo indefinido.

Sin embargo, es pertinente ahora preguntar: ¿cuál es el objetivo de tantas atenciones hacia los militares, que incluyen la concesión operativa del nuevo aeropuerto civil, que ellos mismos construirán en la base aérea de Santa Lucía, cuyas utilidades reforzarán las finanzas del instituto armado?

Sin duda el tema mueve a la reflexión.

@BenitoMArteaga

bmacoladeleon@gmail.com

JJ/I