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¿La cabeza correcta en el cuerpo equivocado?

En la película La guerra de los clones hay una secuencia en la que el robot C3PO por un accidente se desarma y su cabeza termina siendo colocada en el cuerpo de un robot de combate. C3PO, que no está diseñado para la guerra, no puede operar en ese cuerpo que tiene programados movimientos rápidos y agresivos, y por lo mismo le provoca diversos errores. De esa manera, George Lucas, el director de esa película, nos hace ver que hay cosas que no embonan, que por más que nos esforcemos no hay manera de hacerlas compatibles, y por lo mismo los resultados serán desastrosos.

Traigo esto a cuento porque en el caso de López Obrador, y particularmente de sus más fervientes seguidores, parecería estar instalada la creencia de que el sistema político mexicano no está del todo mal, que el único problema era su cabeza, y que ahora que ya cambió, el sistema operará de manera óptima. En ese sentido, no se ve ni en el presidente ni en su partido, Morena, la menor intención de desmantelar el sistema autoritario que nos heredó el PRI, pese a que si alguien tendría la posibilidad de hacerlo es justamente López Obrador.

A diferencia de Vicente Fox, que contaba con el respaldo popular para desmontar el autoritarismo y empezar a construir un sistema más democrático, pero que no contaba con el suficiente respaldo institucional, en particular el del Poder Legislativo, Andrés Manuel sí tiene el respaldo institucional requerido, además del oficio político que nunca tuvo Fox.

Sin embargo, al parecer nuestro actual presidente se siente a gusto con este sistema y con el papel que le toca desempeñar, de ser el padre bueno que reparte a sus hijos lo que necesitan para estar bien, a condición de que lo obedezcan, aunque no necesariamente se porten bien. A alguien así muy probablemente no le interesaría construir un sistema democrático, en el que necesariamente no habrá obediencia ciega y sí puede haber cuestionamientos.

El problema con esto es que López Obrador y sus seguidores, por un lado, y sus antagonistas, por el otro, nos tienen en una situación tan polarizada que sólo ha agudizado lo que se viene viviendo México desde hace varias décadas, por lo que es muy difícil que se dé un debate público serio debido a que la mayoría de las personas están muy resentidas contra el polo opuesto, y no desean reconocerle que pudiera tener algo de razón.

Ante esta situación, parece muy baja la esperanza de que podamos construir un sistema más democrático, pues además los presidentes que nos gobernaron los últimos 30 años ayudaron a construir un enorme desencanto con la supuesta democracia en la que vivíamos, que a los que tenían les dio más, y hasta les sobra, y a los que no tenían les quitó aún lo poco que tenían, por lo que es comprensible que la gran mayoría de la población esté esperando que ahora sí le toque un pedazo de toda la riqueza que se produce en México.

Si ante esta situación considero que sigue siendo necesario construir mejores instituciones, lo que podría parecer un lujo en un país en el que basta ganar 6 mil 500 pesos mensuales para ser parte del 25 por ciento más rico de la población, es porque precisamente esa situación de desigualdad tan aguda se dio porque nuestro sistema y nuestras instituciones están diseñadas para eso.

Es decir, suponiendo que López Obrador logre contener la corrupción entre sus colaboradores y haga una justa redistribución de la riqueza, nada nos asegura que el siguiente o los siguientes presidentes harán lo mismo. Sin un sistema político mejor diseñado, que opere con base en el principio de la imparcialidad y el respeto al estado constitucional y democrático de derecho, en el mejor de los casos veremos una reedición del periodo presidencial de Lázaro Cárdenas, que fue bueno para los más pobres, pero sólo por esa ocasión.

protagoras_xxi@yahoo.com.mx

@albayardo

JJ/I