Derrochan una energía total

ENTREGADOS. Los chicos desbordan carisma que es bien recompensado por gritos y vítores de sus fanáticos. En backstage se muestran pacientes y felices de compartir con el público tapatío. (Foto: Jorge Alberto Mendoza)

Un show energético, en el que los fans quedaron maravillados, fue lo que ayer sucedió en los dos conciertos que LemonGrass ofreció en el Teatro Galerías.

Jelly, Ivanna, Paula, Sophie, Nathan, Emiliano y Yael pusieron a bailar a los niños con los temas de su álbum debut, pero, además, añadieron éxitos de otras épocas y por qué no, música urbana que prendió hasta a los papás.

La banda pop reunió a casi 2 mil lemoners de todas las edades, ofrecieron un show en el que se apoyaron de pantallas de LED, iluminación que daba una atmósfera de fiesta.

¿Y qué?” fue el tema con el que iniciaron el show, y los pequeños seguidores dejaron de inmediato los asientos para bailar y para levantar las pancartas que llevaban.

El septeto, además de los temas de su álbum, ofreció otros temas, entre ellos un popurrí con éxitos de Kabah y OV7 que hicieron populares en los 90, como Lero, lero y A bailar.

Otro éxito que tomaron prestado de Carlos Vives y Shakira fue La bicicleta, a la cual le dieron su propio estilo.

Ellos dominan el inglés, así que como buenos millennials cantaron temas de artistas que admiran y que los niños presentes se sabían perfectamente, como Sorry, de Justin Bieber; Stitches, de Shawn Mendes, y Cake by the ocean, de DNCE.

Los niños dejaban sus asientos y corrían a las primeras filas para poder tocar a uno de sus ídolos, quienes se cambiaron en dos ocasiones de vestuario.

En el tema Piensa en mí los lemoners prendieron las luces de sus celulares para acompañar el tema, tema en que ser recuerda a un ser querido, y en el que Nathan, uno de los integrantes, tocó el piano.

El toque urbano se dio en diferentes momentos cuando interpretaron, además de La bicicleta, las canciones Andas en mi cabeza, Picky y Pierdo la cabeza, con las que los asistentes bailaron y gritaron eufóricos.

Tras cerca de 70 minutos de show, el septeto se despidió y dejó como recuerdo una selfie con sus seguidores tapatíos en todas sus redes sociales.

Llévelo, llévelo

Los fans, que muchos de ellos, apenas median un poco más de un metro, llegaron emocionados al concierto y querían llevarse todos los suvenires que se vendían.

Fotografías, gorras, camisas, chamarras, cilindros para agua y mucho más se vendían en el lobby del Teatro Galerías y los productos volaban, pese al precio, pues un banderín costaba 100 pesos, y aunque las mamás decían “¡qué caro!”, de inmediato sacaban el billete para complacer a los hijos.

Y al final, después de gritos, emociones y algarabía, los niños debían convencer de nuevo a sus papás para comprar el derecho a una foto con el septeto.

Sin duda, un día emocionante para los niños y de carteras vacías para los papás. Pero sus sonrisas valían la pena.

Atentos con los fans

Media hora antes de subir al primero y segundo show, los integrantes del grupo se tomaron fotos con fans que habían comprado boletos de las primeras filas, y además platicaron con ellos y les firmaron todo tipo de artículos.

“Acabo de conocer a mi marido”, dijo Sofía muy segura tras tomarse una foto con Emiliano. Su padre sólo reía y la filmaba para llevarse el recuerdo de la convivencia.

Al terminar cada show fueron pacientes y amables para tomarse un centenar de fotos más, pues todos los niños querían la foto del recuerdo.

Eso sí, entre show y show, se dieron tiempo para comer en los camerinos y pidieron las tradicionales carnes en su jugo y quesadillas que les encantaron. Con información de Daniel Garibay        

 

HJ/I.