Sor Juana y la astronomía II

Aunque es clara del Cielo la luz pura/clara la Luna, y claras las Estrellas,/y clara las efímeras centellas,/que el aire eleva, y el incendio apura. (Soneto XLI, Sonetos)

Sobre la relación de la décima musa con las cuestiones científicas escribe Dario Puccini (FCE, México 1997): “La ciencia era para Sor Juana un campo de investigación anhelado, una aspiración profunda y, sobre todo, una exigencia racional que habría debido traducirse en experimentación efectiva”, empezamos entonces a vislumbrar alguno de los efectos de poseer en su celda la que ha sido calificada de rica biblioteca, y ¿por qué no? Mini gabinete de curiosidades, merced sus instrumentos científicos.

Aunque manifiesta su escepticismo, pues dice: “Pretender llegar a ella históricamente es en buena medida un infructuoso –aunque fascinante- peregrinar” (Crítica y heterodoxia, ensayos de historia mexicana, UdeG 1991), el doctor Elías Trabulse en una obra previa escribe: “Para Sor Juana, como para estos hombres de ciencia (se refiere a los filósofos herméticos de los siglos 16 y 17), el papel del ‘científico’ era el de sintonizar con el mensaje del universo, o sea del cosmos, cuajado de maravillas por obra de ese gran mago que era Dios, verdadero arquitecto del mundo” (El círculo roto, México 1982).

En el ámbito de sus relaciones con hombres de ciencia coetáneos, la monja jerónima dedicó sendos poemas al iniciador de la ciencia moderna en la Nueva España, Carlos de Sigüenza y Góngora y también a su oponente respecto al tema de la naturaleza de los cometas: Eusebio Francisco Kino, a éste último el soneto 41, que algunos estudiosos han pretendido desenredar los peculiares usos cortesanos, cuando no aparentes contradicciones.

Pero aparte de ello, no tenemos pretexto para no disfrutar Primero sueño, poema didascálico, de curioso paralelismo con una de las obras más antiguas dedicada al cosmos: los Fenómenos de Arato.

 

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