“Hay que ser ambiciosos en lo que creamos”

Adicción. Tena, quien también es psicólogo, afirma que el teatro es una enfermedad incurable que le permite ir tras nuevos retos en cada puesta en escena. (Foto: Grisel Pajarito)

El actor tapatío, uno de los actores del montaje Gran dios Brown, que está actualmente en temporada en el teatro Vivian Blumenthal, tiene clara su vocación creativa en la sociedad. Las obras que elige en este momento de su carrera tienen que ver con su búsqueda por un mensaje sólido y profundo, así como la creación de obras que contemplen tanto las necesidades estéticas como económicas para lograrse.

Dice que no le tiene miedo a la ambición y que después de su trayectoria que tiene más de 17 años, Gran dios Brown significa una especialización dentro del gran mundo que para él es el teatro.

NTR. Cuéntanos un poco sobre tu acercamiento al teatro.

Xésar Tena (XT). Comencé de forma accidental, como pasan las buenas cosas de la vida. Probé esta maldita droga y no pude soltarla. Estudié de manera formal más tardíamente, soy además psicólogo y psicoterapeuta, por muchos años anduve con los dos caminos paralelos, pero divididos, hasta que me di cuenta de que la definición más básica de esquizofrenia es un yo dividido, así que recientemente comencé a fundir mis dos pasiones y comencé a dedicarme a la terapia con teatro, para no estar loco, dividido y disociado.

NTR. ¿Recuerdas tu primera función?

XT. Una prima mía me invitó a participar en una compañía porque les faltaban actores masculinos, como pasa siempre, me encantó mi primer acercamiento, fue con un maestro que se llama Gabriel Alcantar, su acercamiento al teatro era con mucho rigor, mucha disciplina y profesionalismo. Mis primeras presentaciones fueron en el Teatro Guadalajara, cuando estuve ahí de pie y tuve la sensación de lo imponente de un escenario fue muy poderoso.

NTR. Y luego no pudiste salir nunca...

XT. En el camino, por supuesto, he tenido mis momentos de distanciamiento, que me han nutrido mucho, han sido sanadores y reveladores, llegó un punto en el que sentí que estaba haciendo teatro por inercia, simplemente estaba en un engranaje en el que aceptaba todos los papeles que me ofrecían, porque era trabajo y siempre es mejor tener trabajo que no tener en un medio tan pequeño, hasta que de pronto dije que no, no era sano. Esto fue como en 2010, me tomé una pausa de dos años que duró hasta que no encontré lo que me era vital decir en la escena, tuve una especie de divorcio. Ahí salió uno de mis unipersonales favorito, Uomo, que hice en Buenos Aires y que me catapultó de nuevo a México. Es como la vida: no puedes estar todo el tiempo en vigilia o dormido, hay que escuchar los ritmos vitales de tus procesos creativos. Fluir con ellos. Los he seguido y desde entonces voy con un ritmo mucho más pausado.

NTR. ¿Éste es el ritmo que te gusta?

XT. Me gusta trabajar a conciencia. Recuerdo mucho una frase de Goethe que dice que la carrera del actor se desarrolla en público, pero su arte se hace en privado y eso es cierto: lo que la gente ve en escena es la punta del iceberg, el resto es puro trabajar sin parar, no existen actores de fines de semana. Si hay actores de fines de semana simplemente no son actores.

NTR. ¿Cómo han cambiado tus obras en escena desde entonces?

XT. Han ganado más en madurez, en potencia creativa, en ambición. Para mí la palabra ambición no tiene una connotación negativa, hay que ser muy ambiciosos en lo que creamos, en lo que queremos, en mis proyectos soy muy ambicioso; en concreto, Gran dios Brown es mi proyecto más ambicioso en mucho tiempo y en muchos aspectos: en la adaptación, el discurso, los profesionales con los que trabajo, el espacio, los requerimientos técnicos. Esos son los procesos que me gustan más y no le tengo miedo a la ambición. Yo soy así y me cuestiono muchas cosas y me llaman la atención proyectos así, mucho más profundos.

NTR. ¿Qué significa ahora el teatro para ti, en ese sentido?

XT. Me gusta cuestionarme todo el tiempo. El fenómeno mismo del teatro estaba en las fogatas con el hombre de las cavernas que contaba cómo cazaba al mamut, con las sombras del fuego ya había una teatralidad. Hay que preguntarnos de dónde venimos, lo que nos hace como somos, me cruza todo el tiempo, por ejemplo lo pienso con los juguetes que usamos para comunicarnos ahora, la forma en que la virtualidad nutre la escena y sin embargo, la escena sigue siendo una convención asumida entre dos partes: cuando una de las dos partes no entiende o no está asumiendo esa convención, no hay teatro.

“Lo que la gente ve en escena es la punta del iceberg, el resto es puro trabajar sin parar, no existen actores de fines de semana. Si hay actores de fines de semana simplemente no son actores”
Xésar Tena, teatrista

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