Socavones

Me parece que es inevitable hablar en esta ocasión de lo acontecido esta semana en la Vía Express de la autopista a Cuernavaca. Este hecho es paradigmático de las condiciones en las que se encuentra este país, y cuyas causas podemos rastrear, ¡oh, sorpresa! hasta la corrupción sistemática que opera en México. No es creíble la primera explicación dada por el secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, en el sentido de que en unos pocos días “las lluvias atípicas y la basura” provocaron un socavón de tales dimensiones en una obra terminada apenas hace tres meses.

Todavía estamos esperando los peritajes de los expertos, pero un mínimo de sentido común hace suponer que una obra de tal magnitud contaría con los estudios suficientes como para identificar las corrientes de agua, definir los diámetros pertinentes de los desagües y garantizar que no sufrieran deterioro. Sin embargo, las excusas ya se hacen escuchar: la empresa a cargo de la construcción insiste en que el cambio de tuberías (que reconocen como necesario) no era parte de los trabajos que se les contrataron; aun siendo cierto esto, tienen un deber ético con quienes los contrataron, para señalar la omisión; incluso eso hubiera servido para dejar a salvo su responsabilidad y deslindarse por daños que ellos previeron pero que la autoridad competente no quiso realizar.

Por lo pronto, ante lo monumental del siniestro, el gobierno ha recurrido al expediente de costumbre: utilizar chivos expiatorios de bajo nivel para cubrir la responsabilidad de quienes están más arriba. Fue patético escuchar en entrevista a Ruiz Esparza; cuando le señalaron la ineptitud de los dos últimos delegados de la SCT en Morelos, él aseguró que dichos delegados “fueron recomendaciones del gobernador y de otras personas” (uno de ellos, según reporta Carlos Loret de Mola, era director de una escuela de inglés antes de ser contratado por la SCT). Al parecer el secretario olvida que aquellos que están bajo su autoridad, siguen siendo su responsabilidad directa.

También en estos días hemos visto imágenes de situaciones similares en países del primer mundo, en donde el agua acaba con avenidas y otras vialidades; sin embargo, en este caso, hay un elemento ineludible que indica que hay responsabilidad en el hecho: las varias advertencias hechas a diferentes instancias, por parte de vecinos e incluso por parte del municipio, señalando los errores en la construcción y las afectaciones que ya estaban ocurriendo. Destaca un oficio recibido por la autoridad el 3 de julio, en el que se señala justamente este punto en la autopista como vulnerable, y que fue ignorado. Aquí cabe preguntarse si las coordinaciones de Protección Civil del municipio y del estado no debieron haber sido alertadas de igual manera y cerrado el tramo en cuestión.

Colofón.

En una nota relacionada, pero guardando todas las proporciones, en mi caso también he visto la indolencia de la autoridad para atender un asunto tan sencillo como el re encarpetamiento de una calle. Van más de dos años y medio desde que se solicitó a Tlajomulco y a la Asociación de Colonos del Palomar que se atienda la filtración de agua que está dañando la carpeta asfáltica y que un día terminará fallando, bajo el peso de los camiones que circulan por ahí. Los vecinos de la calle tan sólo esperamos que no se trate de un camión de gas, porque entonces el accidente tomará otras dimensiones. Nuevamente estamos en época de lluvias y es fácil ver por las calles de la ciudad el daño que ocasiona el agua cuando no hay una buena pavimentación. Nadie podrá decirse sorprendido.

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