Federer ratifica su reinado en Wimbledon

(Foto: AP)

Las lágrimas son el reflejo de la emoción que siente un mago cuando su raqueta lo lleva a la inmortalidad. Roger Federer volvió a quitarse el atuendo de tenista para vestirse de artista, pues en su mente sólo estaba la convicción de agigantar su legado en el pasto sagrado de la Catedral del deporte blanco.

Fue en esa misma Cancha Central del All England Club donde volvió a reinventarse hasta llegar a la gran cita frente a Marin Cilic, a quien derrotó 6-3, 6-1, 6-4 en 1 hora 41 minutos, victoria que le valió coronarse por octava ocasión en Wimbledon y que a su vez se tradujo en la obtención de su título 19 de Grand Slam.

A partir de hoy, el suizo es el rey en el torneo más añejo y de mayor tradición en el mundo tras romper la paridad de coronas que compartía con Pete Sampras y William Renshaw, aunado a que con 35 años y 342 días se convirtió en el jugador más veterano en ganar Wimbledon en la Era Abierta.

A pesar de que los primeros juegos prometían un duelo parejo por la estrategia  agresiva que el croata campeón del US Open 2014 la planteó a Su Majestad, todo fue un espejismo ante un Federer que salió a dominar con la derecha, servir como si se tratara de pintar un cuadro perfecto y gozar con su elegante revés.

Tras la manga inicial, Cilic se derrumbó emocionalmente por la frustración de no descifrar el camino para ganar el partido y también por un dolor en la planta de los pies, al grado de que esto lo reflejó rompiendo en llanto durante un descanso. El balcánico solicitó atención médica y pudo continuar, pero claramente estaba disminuido y no opuso mayor resistencia.

Al Expreso Suizo sólo le importó su objetivo y selló su triunfo en la Final ganando el 81 por ciento de los puntos disputados con su primer servicio y conectando 23 tiros ganadores, por sólo ocho errores no forzados, estadísticas que lo llevaron a adjudicarse la edición 2017 de Wimbledon sin ceder un set durante las dos semanas del certamen británico.

Cuando el marcador estaba 6-3, 6-1, 5-4 y 40-30, Federer sirvió cercano a la “T” y con un ace dio por terminado el partido y por iniciado el festejo en su reino junto a sus súbditos.

En su palacio y entre aplausos, Su Majestad se tomó la cabeza, volteó a ver a su familia, levantó los brazos, brincó, caminó hacia la red, abrazó a Cilic, saludó al juez de silla y después se tomó tiempo para sentarse a llorar conmovido, imagen que pasará a la posteridad tras ratificar que el talento, la clase y el hambre lo tienen encumbrado como la mejor raqueta de la historia. Inigualable.

 

EH