Conversar y jugar con la muerte en 'Liquidámbar'

Acercamiento. La poeta realiza este poemario a partir de un acercamiento a la zona del Caracol de Oventic, donde su padre pasa 10 años de su vida. (Foto: Mónika Neufeld)

Después de la muerte de su padre, el filósofo mexicano Luis Villoro, Carmen Villoro inició un viaje, primero a las entrañas de Chiapas, al Caracol de Oventic, en la comunidad zapatista, sobre todo a un árbol llamado liquidámbar en donde están las cenizas de su padre, quien en los últimos 10 años de vida estuvo muy cercano a la comunidad.

“Fue una experiencia difícil de describir, fue poderosa y muy compleja”, cuenta la poeta, “yo lo veía como algo lejano, haber estado ahí fue ir a conocer a mi papá, al de los últimos 10 años y entender qué era lo que a él lo conmovía y le interesaba tanto en este proyecto. No puede ser sino un referente rulfiano de quien va a buscar al padre para conocerlo aunque yo sí viví con él, conocerlo en otra faceta de su vida y de su experiencia en las ideas y en el corazón”.

Después de todas esas imágenes visuales, emocionales y auditivas, comenzó el viaje que se hizo dentro, y después de una serie de reflexiones sobre la muerte, nacieron los poemas que conforman Liquidámbar, un libro de poesía publicado por la editorial Mantis en Guadalajara.

Todo el libro nació en un sólo año. Un año en el que Carmen Villoro no paró de escribir.

Después de Herida luz, un poemario que se publicó en 1995, la escritora no había explorado un lenguaje tan sombrío, tan interior.

“Tenía ganas de explorar una forma de escribir menos parecida, digamos, a lo que siempre he escrito que es muy accesible y transparente, tenía ganas de acceder a otros registros tanto de las emociones como del lenguaje y este tema me dio la oportunidad: el tema es la muerte de mi padre, ese tema me permitió explorar mucho en terrenos muy oscuros y además enigmáticos”.

Como quizá ocurre con quienes se dedican a explorar este lenguaje, la poesía le ayudó a la escritora a llevar su propio proceso de duelo, de darle acomodo, solución y tránsito a la experiencia de la muerte.

“La poesía tiene la cualidad de que tú eres el primero en sorprenderte de lo que escribes, la poesía te revela cosas de ti y del lenguaje, porque siempre están las dos dimensiones. Como un ritual, ponerme en contacto con esa experiencia subjetiva y luego, otro momento de podar la selva que surgió”.

Sobre la muerte, Villoro aprendió de la experiencia a la hora de trasladar todas esas emociones que se acumulan, en la poesía.

“Me siento mucho más cerca de la muerte y eso no me asusta, pero la muerte para mí era algo que quién sabe a quién le sucedía, fue conectar con que sí es cierto que uno se muere”, dijo entre risas, “es algo ahora muy familiar, es algo que reconozco en mi cuerpo, en mi sentir como algo posible, como una certidumbre, la muerte como una certidumbre, como un proceso muy natural y me parece que sí soy más realista, menos negadora, la abrazo de una manera amorosa”.

Ante la pregunta de si ahora duele menos, Carmen Villoro responde que sí, que introducirse en esos viajes, en efecto, se ha ido llevando el dolor.

“Porque a ti te duele mucho la muerte cuando te resistes a ella y en todo momento en este libro estoy conversando mucho con la muerte e incluso jugando con la muerte, hay algunas partes de los poemas que son sarcásticas, de humor negro. Le tengo mucho respeto a mi padre y a la muerte, y hay momentos en los que me burlo, pero hay también muchos momentos en los que ella se burla de mí y me toma por sorpresa, a veces me asusta”.

“Me siento mucho más cerca de la muerte y eso no me asusta, pero la muerte para mí era algo que quién sabe a quién le sucedía, fue conectar con que sí es cierto que uno se muere”
Carmen Villoro, poeta

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Liquidámbar se presentará esta noche a las 20 horas en el Ex Convento del Carmen, en la sala Higinio Ruvalcaba donde podrán adquirirse ejemplares del libro

 

JJ/I