Populismo Nuclear

La política internacional implica una lucha por el poder. Sin importar cuáles sean los fines últimos de la política, el poder es siempre el objetivo inmediato. A grandes rasgos la persecución del poder se da en cuatro vías principales: acciones nacionales para influir domésticamente, acciones nacionales para influir  a escala internacional, acciones internacionales para influir a nivel nacional y acciones internacionales para influir en el plano internacional.

Los Estados no declaran abiertamente que su meta consiste en la obtención del poder, de hacerlo así la resistencia por parte de los actores nacionales e internacionales sería inmediata. Para suavizar la intención existen distintas estrategias, desde políticas hasta mercadológicas. Un mecanismo al que ya se ha recurrido anteriormente es la construcción de un enemigo, con el fin de levantar la moral nacional, incrementar el poderío de un Estado y legitimar el poder.

Con su popularidad a la baja, según The Washinton Post, el magnate estadounidense ha elegido a Kim Jong-un como el principal enemigo de su administración y del pueblo norteamericano. El empeñado hostigamiento contra Corea del Norte persigue dos objetivos: (I) la exaltación del nacionalismo norteamericano y (II) sostener el Complejo Militar-Industrial, uno de los pilares de la economía de los EU.

Construir un enemigo común genera invariablemente la creación ideológica de un “nosotros” y de un “ellos”. El odio hacia el externo es parte de la configuración cultural de los norteamericanos. Kim Jong-un es el elemento de cohesión para el grupo. La pacificación hacia dentro se genera a partir de la amenaza percibida hacia afuera. En términos prácticos el conflicto en la península de Corea podría regresarle a Trump la popularidad perdida al interior en su primer año de mandato.

En un segundo plano, la intensa campaña para construir a Corea del Norte como una amenaza a la seguridad global responde al comercio de armas. Desde un punto de vista mercantil a la estrategia se le conoce como generación de demanda. La crisis de seguridad abre oportunidades para la industria militar.  Los “amigos” de EU necesitan equiparse para hacer frente a la “gran” amenaza global.

Para evidenciar lo anterior basta mencionar que en los últimos 10 años, hasta octubre pasado, Seúl compró armas a Estados Unidos por un valor equivalente a 95 por ciento del presupuesto de defensa destinado para 2016. A la lista de clientes se suman Japón, quién ha establecido un acuerdo de 5 mil millones de dólares para remplazar a sus viejos aviones por modernos, y Singapur.

Aunque no podemos minimizar la amenaza de un estallido nuclear, el conflicto entre Corea del Norte y los Estados Unidos responde a intereses nacionales sobre internacionales. Y esto funciona para los dos lados de la moneda. Tanto Mr. Kim como Mr. Trump utilizan el desprecio para la exaltación de un nacionalismo banal y así seguir en la lucha por el poder.

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