El rompecabezas Trump

(Foto: Especial)

WASHINGTON. Mientras el mundo está al borde de un ataque de nervios por el conflicto con Corea del Norte, el presidente de Estados Unidos protagoniza dos llamativas apariciones en Bedminster, donde se relaja en pleno verano boreal. ¿Qué trama Donald Trump? ¿Se trata simplemente de una fanfarronada? Después de sus comentarios, nadie sabe cuál es su objetivo.

Tras jugar al golf, el presidente de Estados Unidos asiste a una reunión de seguridad y se dirige a la prensa tanto antes como después. En sus comentarios advierte al líder norcoreano de que no haga ninguna tontería, pues las consecuencias serían terribles para su país.

Mientras pronuncia esas palabras, mantiene los brazos cómodamente cruzados sobre la mesa. Crea así el escenario de un posible apocalipsis nuclear como si no pasara nada.

Tras amenazar a Corea del Norte con "fuego y furia", ¿hay algo peor con lo que pueda presionar al país comunista? "Ya lo verán", dice mientras ladea un poco la cabeza. "Ya lo verán".

En realidad, lo que le gustaría es liberar al mundo de las armas nucleares, afirma de pronto. Los estadounidenses, los aliados, todos deberían sentirse seguros.

En un análisis, el periódico The New York Times opina que lo que pretende el presidente es dar la impresión de que lo tiene todo bajo control, de que no está de vacaciones.

Trump volvió a la carga en Twitter, su medio de expresión predilecto. Nunca antes esta red social, con su limitación de mensajes de 140 caracteres, hizo que la política exterior se pareciera tanto a un supermercado.

"Las soluciones militares están ahora cargadas y preparadas en caso de que Corea del Norte actúe imprudentemente. Ojalá Kim Jon-un encuentre otro camino!", escribió el presidente estadounidense.

Que Trump utilice esta plataforma y, en el actual estado de situación, no informe a sus aliados sobre próximas acciones militares, también puede ser interpretado como un mensaje a su propia base de apoyo ("Yo, el presidente de Estados Unidos, soy fuerte") en momentos en que el consenso flaquea, según varias encuestas.

Al contrario que Barack Obama, él no considera que el cambio climático sea la principal amenaza para la humanidad, apunta el presidente, algo que, tras seis meses en el cargo, no sorprende a nadie.

Pero sí causa asombro su deseo de desnuclearización, después de haber advertido a Corea del Norte sobre las históricas consecuencias que sufriría y de subrayar orgulloso el gran arsenal nuclear estadounidense.

Trump es difícil de interpretar. A menudo se contradice varias veces en un mismo razonamiento. A pesar de ello, su segunda comparecencia en Bedminster sonó en su conjunto más tranquilizadora que la primera.

El presidente no retiró sus palabras de "fuego y furia", pero tampoco quiso repetirlas. No se trató de un desarme retórico, pero lo importante es la política concreta y esta no ha cambiado hasta ahora en Washington. Ni tampoco en el club de golf.

Después continuó repasando otros focos de crisis en política interior y exterior.

Le dio las gracias a Rusia por la expulsión de cientos de diplomáticos estadounidenses porque así es más barato. ¿Fue irónico u opina eso realmente de un tema tan importante? No se sabe. Puede que sí, según algunos comentaristas, puesto que hay muchos puestos desocupados en el Departamento de Estado y en otras instituciones. Quien piensa en "Estados Unidos primero" no necesita ningún diplomático.

Muchos se habían imaginado que Trump podría atacar al presidente ruso, Vladimir Putin, ante el gran despliegue de medios en Bedminster, pero de nuevo no pronunció ni una sola palabra en contra del líder del Kremlin.

Por el contrario, el objetivo de sus dardos fue el pobre Mitch McConnell, quien es desde hace días el nuevo objetivo favorito de los ataques de Trump.

McConnell es líder de la mayoría en el Senado, un republicano importante y, aunque puede que sus métodos no sean muy populares, en Washington se le tiene en cuenta y se le teme; es en definitiva uno de los hombres más poderosos. Si hay alguien al que necesitará Trump a partir de otoño (boreal), será al senador por Kentucky. Entonces, ¿qué pretende el presidente con sus ataques?

"Mitchhunt", tituló el portal "The Atlantic" para referirse a la "caza" a la que lo está sometiendo el presidente, quien a su vez se queja de una caza de brujas ("Witchhunt", en inglés) respecto de escándalo de Rusia.

Luego, Trump continuó su repaso de los diferentes temas candentes. Al menos por ahora, dejó tranquilo al fiscal general Jeff Sessions, a quien también criticó últimamente de forma insistente. Puede que un lacónico "es lo que es" no sea la mayor expresión de solidaridad, pero al menos no echó de su puesto al firme conservador de derechas.

Al consejero de seguridad H.R. McMaster, muy atacado por los medios conservadores y algunos círculos de la Casa Blanca, lo calificó como "nuestro amigo", un buen hombre con mucho talento. En cuanto a la estrategia de Afganistán, el presidente aseguró que están cerca de tomar una decisión, pero que es complicado, pues por desgracia ha heredado un "caos" allí.

También habló de que Irán no está a la altura del espíritu del acuerdo nuclear; de que muchas personas se sienten muy agradecidas con él por su anuncio a través de Twitter de la prohibición de las personas transgénero en el Ejército; de que los demócratas estadounidenses se confabularon con Ucrania durante la campaña electoral de 2016 y de que él tiene un gran corazón.

No se sabe en qué ámbito de la política encajan todos estos temas, pero lo seguro es que allá donde esté Trump, no hay vacaciones. Siempre es fuente de noticias.

JJ/I