Cambio climático y huracanes

Hace 10 años que hice mi maestría en negocios (MBA) en el Instituto de Empresa en España y como parte de una clase nos pidieron ver el documental Una verdad inconveniente, protagonizado por Al Gore, y diseñar una campaña que sensibilizara al público en general sobre los impactos que tendría el cambio climático si no controlaba la civilización humana las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera.

Se sabe que los huracanes se alimentan de agua caliente en el océano y se anticipaba que el calentamiento global incrementaría la frecuencia de estos fenómenos meteorológicos con su respectivo impacto destructivo por los vientos y las inundaciones que los acompañan.

La campaña que hice con mi equipo de la maestría incluía una imagen del océano Atlántico con tres huracanes enfilados, que en ese momento era totalmente ficticia porque nunca había ocurrido, advirtiendo que en el futuro nos esperaba esta posibilidad si no se comprometían los países a recortar sus emisiones de carbono.

Hoy el futuro nos alcanzó. La imagen ficticia de hace 10 años se hizo realidad en 2017 con la foto desde el espacio de Katia, Irma y José; tres huracanes simultáneos en la franja entre el golfo de México y el Atlántico oriental.

Este lunes publicó el Washington Post un artículo muy interesante de la relación entre el cambio climático y el incremento del impacto de los huracanes. Me pareció relevante resaltar aquí algunos de los datos de la publicación para que empecemos a hacer conciencia de lo que nos espera.

El artículo sostiene, con base en publicaciones científicas de expertos como Kerry Emanuel del MIT en Boston, que el cambio climático tendrá cuatro efectos.

Primero, hay posibilidad de que las temporadas de huracanes se hagan más largas. Por ejemplo, este año la primera tormenta tropical (Arlene) se formó en abril. Eso sólo había ocurrido una vez y fue en 2003.

Segundo, los huracanes podrían generarse o moverse en otras regiones del mundo, desde los trópicos hacia los polos.

Tercero, puede aumentar la velocidad de intensificación, es decir, qué tan rápido se hacen los huracanes más peligrosos. El huracán Harvey fue un caso de intensificación rápida, como lo fueron Wilma, en 2005, que incrementó su velocidad en 100 millas por hora en tan sólo 24 horas, y Patricia, en 2015, que lo hizo en 120 millas por hora en el mismo periodo.

Cuarto, el tamaño de los huracanes puede aumentar tanto en diámetro como en peligrosidad de sus vientos. Los últimos años han visto huracanes enormes y peligrosos como Katrina, Sandy e Irma.

En mayo de 2014, la Casa Blanca de la administración de Obama publicó un reporte que decía que el mundo tenía que empezar a prepararse frente a los impactos del cambio climático. Ya no se trataba de prevenir las consecuencias de un futuro lejano, sino empezar a atender consecuencias presentes.

En diciembre de 2015 se firmó el Acuerdo de París entre 195 países, el avance más significativo en el esfuerzo por reducir el calentamiento global desde el Protocolo de Kyoto en 1997.

A lo largo de este año, el presidente Trump ha ido retrocediendo de las acciones iniciadas por Obama para que Estados Unidos que genera 15 por ciento de las emisiones de carbono al ambiente, siendo el segundo mayor emisor después de China, pueda cumplir con sus compromisos de previsión del cambio climático.

Trump publicó una orden ejecutiva para desmantelar el Plan de Energía Limpia y después declaró que Estados Unidos se retiraba del Acuerdo de París.

Ya veremos si este tipo de acciones se sostienen cuando veamos más ciudades como Houston y Miami inundadas, y más países pequeños como las islas del Caribe arrasados.

@ortegarance

JJ/I