Quinto Patio

Los habitantes de la Ciudad de México, Morelos, Guerrero, Puebla, Estado de México y Oaxaca amanecieron ayer con miedo. Un miedo que sobresalta, que impidió dormir la primera noche después del sismo, que se mantenía apenas despuntó el segundo día después de la tragedia.

Un miedo invisible, que se adentra sin control en el ser. Un miedo envuelto por la incertidumbre que pueblos y colonias enfrentan, en especial las familias que perdieron todo. Sin embargo, el mayor dolor lo resienten quienes perdieron un familiar, un amigo, una persona que de pronto quedó sin vida al no poder resguardarse de la contingencia. Las ciudades afectadas lloran a sus muertos. Los rescatistas levantan el puño, piden silencio por cada cuerpo sin vida. Un silencio en honor a nuestros muertos.

Segundo día después del sismo. Millones de mexicanos siguen de cerca la información de lo prioritario: rescatar a quienes están con vida. Sacarlos del oscuro rincón, que emerjan desde los escombros, gracias a la incansable labor de miles de hombres y mujeres que excavan, remueven, cargan los restos de edificios y fincas, que arriesgan su vida sin buscar ninguna medalla.

Cada persona rescatada con vida es un símbolo de esperanza. En la Ciudad de México se sigue minuto a minuto lo que sucede en el colegio Enrique Rébsamen, uno de los sitios que marca la tragedia por los menores muertos, heridos o aún atrapados. También la atención se halla en el devastado pueblo de Jojutla, en Morelos. No son los únicos. Hay miles de lugares con riesgos. Pero también miles de mexicanos en centros de acopio y apoyando. El temblor colapsó infraestructura, pero no colapsó el espíritu colectivo.

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Bien por los rescatistas enviados por la Cruz Roja Guadalajara, los municipios de Guadalajara y Zapopan y la Fiscalía General del Estado para participar en las labores afectadas por el sismo. Ayer subió la fiscalía a uno de los nuevos héroes, Manolo, integrante del escuadrón canino que con el policía a su cargo detectó en la Ciudad de México a una persona con vida.

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A los afiliados a la Confederación Nacional Campesina (CNC) y, por tanto, al Partido Revolucionario Institucional (PRI) se les empieza a apagar el cariño hacia su partido o a acabar la paciencia. El problema es que tienen ya muuuuuuchos años con problemas para cobrar los apoyos de los programas federales y se quejan de que el tiempo que se los jinetean cada vez es más largo.

Es por ello que hoy saldrán de la sede del partido tricolor para protestar en la delegación de la Sagarpa, allá por los rumbos de la glorieta de El Álamo, en Tlaquepaque.

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Los diputados locales tienen una multa en puerta por no acatar órdenes del juzgado y la ignorarán. El tema es complejo y de larga historia. Todo empezó porque a uno de los contendientes a magistrados, Nicolás Alvarado, no le gustó que hayan elegido a Antonio Flores Allende y se quejó. Como es funcionario de la Judicatura federal logró que sus amparos llegarán a las últimas consecuencias, orillando a los legisladores a repetir el proceso y a que, de no hacerlo, fueran acusados de desacato.

En eso estaban cuándo Suprema Corte de Justicia de la Nación atrajo el caso y los diputados locales ignoraron al juzgado que lleva el caso de Alvarado, pero al juez no le gustó y los multó. Hoy darán cuenta en sesión plenaria de semejante borlote, pero la mayoría de los diputados ni se inmutan y hasta dicen que seguirán pateando el bote hasta que el máximo tribunal resuelva. ¿En qué terminará todo?

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Conclusión de vecinos del Quinto Patio, a dos días de la tragedia: los verdaderos héroes no usan capa. Usan cubrebocas, palas, picos, cubetas, sus manos y tienen un enorme corazón.

qp@ntrguadalajara.com

JJ/I