Desastres y solidaridad

Usualmente, en las situaciones de desastre se manifiestan las verdaderas prioridades y valores de las personas e instituciones. De modo que, así como vemos a miles de personas aportando lo que sus capacidades y posibilidades les permiten para rescatar a personas atrapadas o brindarle algún apoyo a quienes perdieron sus posesiones, así también ha habido quienes se han dedicado a asaltar y saquear, aprovechando el caos en el que están sumidas diversas zonas afectadas por los recientes terremotos que ocurrieron en nuestro país.

Este desastre nos ha permitido constatar que son muchísimas las formas en que se puede aportar al bien común: están las personas que directamente se meten entre los escombros para rescatar a personas y animales atrapados; quienes ayudan a la remoción de escombros; las que preparan alimentos y bebidas para quienes están llevando a cabo las labores de rescate; quienes acercan insumos o personas a los lugares donde son más necesarios; quienes comparten su propio espacio; quienes aportan alimentos, medicinas, etc. También quienes apoyaron con un recurso muy valioso en estas situaciones: la comunicación para ayudar a que las personas entraran en contacto con sus seres queridos o para coordinar las acciones de rescate.

También diversas organizaciones han hecho su parte: universidades ofreciendo sus instalaciones como refugio o capacitando a sus estudiantes para que apoyen en las labores de rescate; empresas aportando su maquinaria o equipo, o donando insumos requeridos para continuar con las labores de rescate.

Y eso si sólo nos enfocamos en lo que están haciendo quienes se encuentran en las zonas afectadas por el sismo. A ellas habría que agregarles todas las personas que se han solidarizado desde otras partes del país y del mundo, y que se están organizando para apoyar con dinero o insumos, así como gobiernos estatales y municipales que han enviado a miembros de sus propios equipos capacitados para el rescate.

En fin, queda claro que estos desastres han sacado lo mejor de miles de personas, tal vez de millones, y esto ha sido más allá de las instituciones públicas. A diferencia de hace 32 años, esta vez no nos hemos quedado paralizados esperando que llegue la ayuda oficial a resolver nuestros problemas. Por el contrario, la gente se ha organizado espontáneamente, atendiendo las situaciones urgentes de la mejor manera posible y la ayuda oficial ha contribuido para agilizar lo que ya se estaba haciendo.

Y como comentaba al principio, en esta situación la ciudadanía está revisando sus prioridades, y ha llegado a la conclusión de que financiar campañas electorales caras es un lujo que como nación no podemos darnos en este momento. De ahí que en diversas redes sociales esté cobrando fuerza la exigencia, a la que me he sumado, de que el presupuesto que se autorizó para los partidos políticos, el mayor de toda la historia de México, de acuerdo con el INE, se destine mejor a acrecentar el monto destinado a la operación del Fideicomiso Fondo de Desastres Naturales (Fonden).

Afirmo que la ciudadanía reconsideró sus prioridades porque al momento de estar escribiendo estas líneas esas peticiones ya habían acumulado en conjunto más de medio millón de firmas avalándolas. La respuesta oficial hasta el momento era un rotundo no, argumentando que por ley ese presupuesto, de casi 12 mil millones de pesos, sumando el federal y el de los estados, sólo puede gastarse en cuestiones electorales, lo que pone en evidencia cuáles son las prioridades de nuestra clase política.

Quienes deseen sumarse a la exigencia de disminuir el presupuesto de los partidos políticos y aumentar el Fonden pueden hacerlo en alguna de estas dos direcciones: https://goo.gl/avcF3C; https://goo.gl/XRbm9X.

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@albayardo

JJ/I