El ser un jugador talentoso y exitoso en la cancha no significa que como técnico puedan conseguir los mismos éxitos.
Son contadas las historias de futbolistas que pueden presumir de ser tan triunfadores en el banquillo como lo fueron en el terreno de juego.
Contrario a la lógica, son más los entrenadores que como jugadores mantuvieron un perfil bajo los que alcanzan la gloria desde el arte de la estrategia y la táctica, que los que fueron protagonistas en el campo.
Uno de los ejemplos más recientes es el de José Saturnino Cardozo. Al paraguayo, recordado en el futbol mexicano como el máximo goleador del Toluca con 258 goles, cuatro títulos de liga con los Diablos Rojos y cuatro veces campeón de goleo con el mismo club, lo ubican como uno de los mejores extranjeros en la liga mexicana.
Sin embargo, la genética de ganador no la ha podido trasladar a su faceta como técnico desde que decidió asumir por vez primera el mando del Olimpia de Paraguay en 2009, para después debutar en México con el Querétaro en el Apertura 2011 cuando de manera imprevista se despidió a Gustavo Matosas.
Cardozo se ha quedado a la orilla de alcanzar momentos más gloriosos que igualen su brillante carrera como jugador. Por ejemplo, con Gallos Blancos llegó a una Semifinal luego de eliminar a Chivas, pero no pasó de ahí.
Con su querencia, Toluca, pese a clasificar a liguillas e inclusive a una Libertadores; ya no le alcanzó para más.
A partir de 2016, Cardozo se aventuró en proyectos de equipos con problemas de descenso como Jaguares y Puebla, y hace unos días se convirtió en el nuevo entrenador del Veracruz, otro de los involucrados en la lucha por la permanencia.
A la historia de Cardozo se agregan otros en México que en la cancha fueron figuras, mas no lo han sido como técnicos.
El peruano Julio César Uribe, considerado en la década de los 80 el tercer mejor jugador de América después de Maradona y Zico, jamás pudo acercarse al éxito como técnico de Tecos y Querétaro, ni en su país con el Sporting Cristal, ni mucho menos en su breve etapa como timonel de Perú.
Daniel Alberto Brailovsky, uno de los emblemas del América de la década de los 80, y dos veces campeón de liga con las Águilas, tampoco pudo como técnico repetir sus hazañas en la cancha con equipos como Veracruz, América, y Necaxa, al que dejó al borde del descenso en el Clausura 2011.

Eduardo Yayo de la Torre fue uno de los goleadores de Chivas en el decenio de los 80, y también campeón de liga en 1987, pero en la banca tuvo resultados grises con el Rebaño, Santos y Jaguares.
El argentino Rubén Omar Romano fue uno de los mediocampistas más finos en México, pero como técnico será recordado por perder cuatro finales de Liga.
Piden pan y no les dan
De manera paralela a los entrenadores triunfadores como jugadores, hay otros que ni siquiera son contemplados pese a que piden a gritos una oportunidad.
Evanivaldo Castro Cabinho, el máximo goleador del futbol mexicano con 312 tantos, y símbolo de los Pumas de la década de los 70, pese a que en reiteradas ocasiones ha levantado la mano para dirigir a los unamitas, jamás ha estado en la lista de candidatos.
Otro que pertenece a la misma generación de aquellos Pumas es el peruano Juan José Muñante, pero tampoco ha sido una opción.
Por parte de América, Antonio Carlos Santos, crack de las Águilas del final de los ochenta, también se ha cansado de promoverse, pero de igual forma no es ni la última opción para sus directivos. Omar Fares
‘Cracks’ sin toque táctico
A nivel internacional, los jugadores más brillantes a nivel mundial han sufrido para convencer a sus dirigidos de que pueden ser tan ganadores como ellos.
Diego Armando Maradona, considerado junto a Pelé el mejor jugador en la historia del futbol mundial, ha ido de un descalabro a otro desde su aventura con el club Mandiyú y el Racing de Avellaneda, hasta la selección de Argentina y el Al Wals de Emiratos Árabes Unidos, con los que jamás pudo plasmar como estratega el sello que lo distinguió como jugador.
Lothar Mathäeus, el segundo jugador en igualar la marca de Antonio Carbajal de participar en cinco mundiales, capitán y campeón del mundo con la selección de Alemania en 1990, leyenda del Bayer Munich, también ha dado tumbos en su intento por sobresalir en la dirección técnica. Se inició con el Rapid de Viena, después pasó por el Partizan de Belgrado, la selección de Hungría, el Atlético Paranaense de Brasil, el Maccabi Netanya de Israel, y detuvo su andar con el representativo nacional de Bulgaria en 2011.
Otro jugador temperamental pero ganador y que ha fracasado como técnico es el búlgaro Hristo Stoichkov. El delantero estelar del Barcelona en el inicio de los 90 recibió su oportunidad en la banca precisamente con su selección búlgara, y después pasó por el Celta de Vigo, el Mamelodi Sundowns de Sudáfrica, y regresó sin gloria al Litex Lovech de su país.
Michel Platini, otro de los jugadores considerados a la par de Maradona, estrella de la selección francesa en los 80, un año después retirarse en 1987 aceptó dirigir a la selección de Francia, y a pesar de no clasificar al Mundial de Italia 90, se mantuvo hasta la Eurocopa de Suecia 92 para quedarse en la fase de grupos.
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