Ejemplo de superación personal

(Foto: Especial)

Las noches sin dormir, las luchas por mejorar y el amor a la docencia son momentos cotidianos para la maestra Eréndira Palomares Jiménez.

A 17 años de trayectoria cuenta con dos plazas como directora: la de la escuela Manuel Acuña (en Parques de Tesistán) y la de la escuela Miguel Hidalgo y Costilla (en Venta del Astillero).

Después de duras lecciones que la hicieron abandonar sus estudios decidió emprender su viaje por el sector educativo y fue en 2003 cuando inició en el área de Educación Permanente de la SEJ y como coordinadora mostró su capacidad de liderazgo.

“A mí me toca estar como coordinadora regional, estaba a cargo de 30 a 50 maestros donde tenía que ir a Zapopan, Tonalá, Ixtlahuacán, Tlaquepaque y Cuquio”. Hasta a rancherías tenía que ir y su labor era dar seguimiento a los grupos.

Esa labor la desarrolla hasta 2004 y luego se va del país (Chile) y regresa hasta 2007. “Por el perfil, empiezo a trabajar en educación de adultos de la secretaría, estoy dos años y decido irme a las aulas de primaria, en 2009. Hago el examen de oposición y me gano mi segunda plaza en el subsistema federal. En 2009 me integro a trabajar en el subsistema federal y estatal frente a grupo”.

En 2010, la maestra llegó a Parques de Tesistán y empieza su reto como directora, pues al ser la única escuela en el lugar, no hay maestros, sólo ella: “llego como maestra unitaria, yo abro la escuela, doy seguimiento de tal manera que luego entran dos maestros. Al tercer año promuevo un sistema para que se abran todos los grupos y mientras estaba proyectada para seis años, yo en tres años consigo que lleguen todos los maestros”.

En 2015 inicia su proceso de regularización de plaza con un examen y obtiene un resultado de destacado.

“Con mi otra plaza, el año pasado hago el examen de promoción y es como llego a la Venta del Astillero. Tengo el honor de inaugurarla. Era nueva y me toca inaugurarla con el secretario Nuño (titular de la Secretaría de Educación Pública), con Ayón (titular de la Secretaría de Educación Jalisco), con el gobernador y para mí fue un regalo porque no lo tenía previsto en mi trayectoria. Era lo que me estaba esperando”, relató.

NTR. ¿Qué significó coordinar la escuela Ávila Camacho que estaba sin maestros?

Eréndira Palomares Jiménez (EPJ). Fue todo un reto. Significó crecimiento personal hasta el profesional, porque yo no era la directora titular. No tenía ningún pago. Siempre me ha convencido que donde yo esté siempre tengo que luchar por hacer lo mejor que pueda. Significó un reto. Significó hacerlos participes a los maestros y convencerlos. Ahora que soy la directora titular es el resultado de mi trabajo.

NTR. ¿Y de la escuela de la Venta del Astillero?

EPJ. Esa escuela tenía siete años sin un director y cada quien remaba a su lado. Los maestros no se sentían participes y no había reglas para los niños. Los papás tenían tomada la escuela en sí. Llego y era organizar, gestionar y hacer un equipo de trabajo. Fue un reto gigante. Era de las escuelas más bajas, pero nos llevamos en la zona el primer lugar en la Olimpiada de matemáticas. Ya focalicé a alguien, pude detectar a un elemento, que hay muchos, que nos puede representar.

NTR. ¿Qué se necesita para ser líder y ser directora?

EPJ. Muchas habilidades que se van forjando con el tiempo. La escuela de la Venta me costó un poco más de trabajo porque ya estaba creada, en Tesistán aprendí a ser más paciente. Dicen que soy enojona pero también necesito tener esa firmeza dentro de una apertura. Debe haber una organización y una flexibilidad. También está la parte emocional, tranquilizarte y que no te afecte.

NTR. ¿Qué ha aprendido en su trayectoria?

EPJ. Que debes de ser muy transparente en todo. Esa es una de las cuestiones elementales que debes de tener como director, hacer partícipes a todos, padres de familia, alumnos, maestros. Eso te evita problemas y te hace crecer más.

NTR. ¿Cuándo se dio cuenta de que esta profesión era su vocación?

EPJ. Recuerdo que en la prepa había un maestro que me decía: ‘no vas a lograr ser nada porque las matemáticas no se te dan’ y yo decido dejar de estudiar por cerca de cinco años porque yo decía que no podía. Entonces decido tener una estética pero un sacerdote me invita a dar pláticas y empecé a reconocer que sí podía.

En 2003 me invitan a cubrir un grupo en una población de Magdalena y me doy cuenta que me gusta estar frente a los niños, que sí podía estudiar y decido estudiar. De ahí me gustaron las matemáticas.

Encontré que la motivación que te puede dar un maestro es elemental para que puedas crecer o derrumbarte. Como un maestro puede marcarte tanto, para bien o para mal, y ahora puedo decir: ‘soy maestra’.

A detalle

  • Licenciada en educación primaria
  • Maestría en introducción a la práctica educativa en México
  • Maestría en curricular y comunidad educativa en Chile
  • 8 años de experiencia en educación primaria

JJ/I