Temporada de ‘chapulines’

No, el título no se refiere a ese platillo tradicional de la cocina oaxaqueña que suele comerse acompañado de tortillas, un buen guacamole, una salsa picosita y un mezcal, manjar al que le atribuyen además grandes propiedades nutricionales y afrodisiacas.

No, hoy no hablaremos de esos chapulines. El título se refiere más bien a esa práctica cíclica de la clase política mexicana, cuyos integrantes se muestran tan proclives a saltar de un puesto a otro, de una chamba a otra, de una oficina a otra; capaces de hacer cualquier cosa, la que sea, para no salir del presupuesto y mantenerse a toda costa en alguna de las nóminas del sector oficial.

Sólo importa el ‘hueso’

El Poder Legislativo, tanto a nivel federal como estatal, es baluarte reconocido de esta práctica chapulinesca –el Ejecutivo y el Judicial no cantan mal las rancheras–, donde los protagonistas esperan el momento propicio para abandonar aquel cargo en el que están para brincar a otro. Senadores que sueñan ser gobernadores, diputados que quieren ser senadores, diputados locales que aspiran llegar al Palacio de San Lázaro, personajes en general a quienes no les importa a qué puesto van, mientras conserven el hueso.

La baraja es amplia y lo importante no es qué carta se juegue, sino estar en el juego. No es relevante tener experiencia política, planes y proyectos claros, visión de Estado o afanes reformadores. Lo verdaderamente crucial es llevarla bien con el jefe del grupo político para ser colocado en una posición donde se puedan hacer negocios y haya lana abundante y fácil.

Danza de grillos

Así, comenzamos octubre con la danza de los chapulines y muy pronto atestiguaremos como saltan de un sitio a otro sin importar que tanto hicieron, cuantos compromisos cumplieron, que calificaciones les dan sus electores ni tampoco les preocupa adónde irán ni con qué objetivos. Mientras haya hueso, hay esperanza.

Esta práctica no reconoce sexo, edad, profesión ni color partidario. La ejercen por igual azules, amarillos, naranjas, tricolores o independientes. “To be or not to be, that is the question”, parece ser el pensamiento que rige a quienes sin haber concluido el encargo presente y sin haber aportado los resultados ofrecidos, miran obsesivamente hacia el futuro en busca de la chamba que sigue.

Llegan suplentes

Así, en estos días observaremos un cambio de fisonomía en el Congreso del Estado, pues los diputados propietarios, es decir, los titulares cederán sus curules a los suplentes, tal como lo hizo ya la semana anterior el independiente Pedro Kumamoto, quien por la misma vía –la ciudadana– buscará llegar al Senado de la República. A Kumamoto le seguirán muchos más de todos los partidos. Si este cambio de estafeta favorecerá el debate y los resultados del legislativo jalisciense, eso ya lo veremos. Por lo pronto la actividad de los legisladores entrará en un impase, a la espera de que las aguas se acomoden.

Y lo mismo sucederá en todos aquellos espacios susceptibles a una renovación con motivo de las elecciones de 2018. El irascible y autoritario Enrique Alfaro Ramírez será el chapulín mayor cuando finalmente dé el salto desde la alcaldía de Guadalajara para contender como candidato de Movimiento Ciudadano por la gubernatura de Jalisco. A pesar de sus berrinches y tropiezos en el gobierno tapatío es el aspirante mejor posicionado en este momento.

Y así como él, otros de sus correligionarios (Ismael del Toro, Pablo Lemus, Alberto Uribe, por citar a algunos) moverán sus fichas con miras a reinventarse en otro cargo, que al fin y al cabo así es la política en México, por más que no nos guste.

 

Verba volant, scripta manent

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@GOrtegaRuiz

JJ/I