Qué le falta a la reforma educativa

Analicemos desde el punto de vista de la educación y la producción a Singapur y Vietnam, éste último un país con 331 mil kilómetros cuadrados, que todavía en 1950 luchaba por su independencia en conflictos bélicos con China, Japón y Francia y apenas obtenida tuvo que soportar la guerra con Estados Unidos desde 1959 hasta 1975 y que sin embargo en la última evaluación PISA, Prueba del Programa para la Evaluación Internacional de la OCDE obtuvo una puntuación superior a muchos países desarrollados incluyendo Estados Unidos. Historia similar es Singapur que perteneció a Inglaterra, sufrió invasiones de Japón y nuevamente la Gran Bretaña la tomó como colonia hasta 1965 cuando logró por fin su independencia; es un país con apenas 700 kilómetros cuadrados y que en educación está siempre entre los primeros lugares mundiales.

Lo que hicieron dichos países asiáticos en menos de 30 años de su consolidación para transformar su educación y con ello activar el motor de la productividad parece tener ingredientes que deben agregarse a nuestra reforma educativa, que debe adoptar cambios disruptivos, en lo que se refiere a política educativa y gobernanza escolar. Singapur y Vietnam han destinado más de 20 por ciento del gasto público a la educación, presupuesto mayor que cualquier otra nación de la OCDE. El presupuesto se distribuye con transparencia y honestidad llegando principalmente a los maestros que son nombrados tras exigentes filtros académicos, conductuales, morales y actitudinales.

Los docentes egresados de diversas carreras universitarias son llevados a una inducción durante dos años antes de que puedan ejercer independientemente. Se les paga bien, son reconocidos, pero son personas preparadas y admiradas en la comunidad. El rigor académico y la competencia entre estudiantes, maestros, instituciones está presente de manera transparente por lo que las evaluaciones son continuas y de diversos organismos no dependientes de los ministerios de educación.

Ambos países han puesto énfasis mayor en algunas características que tienen que ver con la formación antes que con la información. La escuela educa la integridad del ser, promueve los valores, estimula el sentido del juicio moral entre lo correcto y lo que no lo es. La capacidad para discernir y establecer con independencia su propio juicio. La actitud crítica y el autoaprendizaje. El desarrollo de la resiliencia que es la capacidad para superar la frustración y el fracaso. La capacidad para colaborar con diferentes culturas, promoviendo la innovación, la creatividad y el emprendedurismo. Formar más que informar es la clave de una real reforma en nuestra patria.

@Saucedodlallata

JJ/I