La utopía de la renta básica ciudadana

Hace más de 2000 años que la humanidad aspira a un mínimo ingreso universal. En la antigua Roma surge la Annona, que consistía en que el Estado romano otorgaba el derecho a cada ciudadano que vivía en la ciudad y a su familia a recibir gratuitamente cantidades de trigo, aceite y vino. Fue nombrada así por la diosa de la abundancia, Annona, y estaba la distribución a cargo del praefectus annonae.

La Utopía de Tomás Moro permitió imaginar un país en el que el Estado cubre los aspectos básicos de la vida para todos los ciudadanos. Ricos, pobres, empleados, desempleados, autónomos: todos obtienen la misma cantidad de dinero, todos los meses. Para la Iglesia católica el destino universal de los bienes comporta un esfuerzo común dirigido a obtener para cada persona y para todos los pueblos las condiciones necesarias de un desarrollo integral, de manera que todos puedan contribuir a la construcción de un mundo más humano.

La tradición cristiana nunca ha aceptado el derecho a la propiedad privada como absoluto e intocable, la propiedad privada está subordinada al derecho al uso común.

Hay una tradición que viene de proveer el sustento “con el sudor de tu rostro” (Génesis, 3-19) hasta la denominada sociedad salarial. Hoy, numerosos partidos políticos y organizaciones de la sociedad civil defienden desde hace años el concepto de la renta universal.

Esta idea de que contar con lo mínimo para vivir con dignidad no debe ser un privilegio o fruto de la suerte, sino un derecho humano esencial, es algo que ya se reflexiona desde hace décadas. Se sustenta en que la humanidad ha alcanzado un nivel de capacidades productivas que le debe permitir, si se lo propone, garantizar alimentos, vestido, vivienda, movilidad e información adecuados a la vida de una sociedad civilizada.

Siempre se ha tenido la idea de que en este mundo cada quien tiene que valerse por sí mismo, que hay que ganarse el pan con el sudor de la frente y que las dádivas son populistas y utilizadas con fines electorales. Sin embargo, la idea es que tener una renta garantizada da a la gente una sensación de estabilidad y le ayuda a pagar los gastos de cuidar de los hijos o ir a trabajar.

Martin Luther King decía que la solución de la pobreza es abolirla directamente e indicaba que la medida para lograrlo sería la renta garantizada: “Habrá un montón de cambios psicológicos positivos que resultarán de una seguridad económica generalizada. La dignidad del individuo florecerá cuando las decisiones que afectan a su vida estén en sus propias manos, cuando tenga la seguridad de que sus ingresos son estables y ciertos, y cuando sepa que tiene los medios para su autodesarrollo”.

En 1968 un grupo de mil 200 economistas, incluyendo liberales como James Tobin o Paul Samuelson, y conservadores como Milton Friedman, firmó una carta al Congreso de los Estados Unidos pidiendo el ingreso universal. Nixon respondió proponiendo el Plan de Asistencia Familiar, que sustituiría en una sola asignación universal los distintos programas sociales.

En México, los derechos se conquistan poco a poco hasta que logran afianzarse en el imaginario colectivo y ser exigencia general. A eso va a contribuir la propuesta del Frente Ciudadano, como eje central de su propuesta social.

Cabe esperar que como sociedad avancemos en la dirección en que apuesta esta nueva coalición; decidir el voto ciudadano a partir del análisis del programa de cada partido o coalición y no de la imagen bonita de los candidatos.

No obstante, está claro que el concepto de la renta básica universal va adquiriendo cuerpo. Ahora que estamos empezando a recuperarnos de una de las mayores crisis económicas de la historia moderna, seguida de un resurgimiento del populismo, resulta cada vez más evidente que no podemos seguir como estamos. Debemos buscar modelos nuevos, como sea.

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