El banquito de Alfaro

Enrique Alfaro Ramírez se subió al banquito… y no se mareó.

Ante aproximadamente 2 mil simpatizantes –cifra similar de católicos ofendidos que en cada manifestación le exigen que retire la escultura Sincretismo por ofender su fe a la Virgen de Guadalupe y a los que el alcalde ignora–, el precandidato de su partido Movimiento Ciudadano a la gubernatura les mandó un mensaje a quienes conformaron el Frente Ciudadano por México y a los que se dio el lujo de menospreciar:

“Aquí en Jalisco no necesitamos de acuerdos ni de alianzas para ganar el gobierno del estado y para aportar una gran cantidad de votos a ese proyecto nacional…”.

Pero también trató de alentar a Ricardo Anaya, Alejandra Barrales y Dante Delgado. Dijo: “Aquí en Jalisco vamos a ser factor decisivo para definir cómo va a ser el futuro de la nación. Aquí estamos construyendo una fuerza electoral que puede definir el resultado de la elección presidencial…”

Y como siempre, bravucón, echado para adelante, como cuando se enfrentó al vecino adulto mayor en aquella unidad deportiva, y al que retó a que lo golpeara, llamó “cabrón” y luego lo mandó a no sé dónde, Alfaro Ramírez también tuvo mensaje para sus adversarios y detractores:

“… Yo estoy listo y aquí los espero sin miedo. Cada vez que hemos estado cerca de cambiar la realidad política –reconocimiento tácito de que ha fracasado en ello–, el régimen y todos los intereses que sabemos están detrás de ellos (…) sabemos cómo actúan. Pero no es más que un síntoma de que el régimen está a punto de caer”.

Éste es el Enrique Alfaro de siempre, el mismo que en los próximos días mandará al diablo los votos que en octubre pasado se emitieron a su favor para ratificarlo en el cargo de presidente municipal, pero que él interpretó como que era el apoyo ciudadano para que iniciara su aventura de buscar ser gobernador por segunda ocasión, considerando que realizó un buen trabajo como gobernante, mientras a las puertas del palacio municipal tiene a calandrieros en huelga de hambre por su afán de imponer vehículos eléctricos en forma de calandrias –que no lo son, por supuesto–.

Ahora se irá cargando un banquito a hacer campaña por todo el estado, pretendiendo enarbolar la bandera de la austeridad cuando no tuvo empacho alguno en derrochar millones de pesos del erario en esculturas que han sido rechazadas por los propios tapatíos al considerarlas innecesarias y sólo con el fin de beneficiar económicamente a sus amigos.

Pero hay que reconocer que Enrique Alfaro arrancará su campaña no sólo como favorito para ganar los comicios del 2018, sino encabezando las encuestas hasta ahora difundidas, mientras en el PRI siguen estancados en la indecisión de quién será su candidato, divididos por los golpes bajos y las zancadillas y enfrascados en dimes y diretes; en tanto en el PAN aún no encuentran a quién postular y andan barajeando entre lo mejorcito que creen tener en la lista de militantes.

A lo largo de su campaña, el reto de Alfaro Ramírez será llevar a los hechos lo que hasta ahora ha sido sólo su discurso: ser congruente. Porque no puede recorrer el estado en busca del voto ciudadano diciendo una cosa para como gobernante hacer otra. Y es que nadie puede ser congruente con sólo estar machacándolo verbalmente.

Se habla de que el próximo día 18 será el último día de Alfaro Ramírez como presidente municipal, pues dedicará su tiempo a designar a quienes serán los candidatos a diputados y senadores bajo las siglas del famoso Frente Ciudadano por México; a definir a los que buscarán ser diputados locales, y a terminar de palomear a los prospectos a alcaldes, aunque en éste rubro ya les dio la bendición a quienes se registraron como precandidatos.

Se irá, sí, acompañado… sólo de su banquito.

ES TODO, nos leeremos ENTRE SEMANA.

JJ/I