Tres candidatos, cero campeones

Hace un par de semanas, cuando se destapó a José Antonio Meade como aspirante a la Presidencia por el PRI, escribí una columna titulada Dos candidatos, cero campeones argumentando que teníamos un candidato para los que están hartos del sistema establecido y quieren incendiarlo con un coctel molotov (como lo fue Trump en Estados Unidos) y otro candidato para los que quieren mantener la aparente seguridad del statu quo… pero los que estamos en medio esperando a alguien que cambie el sistema establecido sin recurrir a políticas populistas sin sustento, no teníamos campeón.

Escribí también sobre lo que sería el panorama ideal desde mi punto de vista: un AMLO que, en vez de basar su discurso en atacar, sustente con un plan de trabajo real todos los cambios que promete y se rodee de un equipo talentoso; un Meade que se distancie radicalmente de las formas de operar de los que militan en el PRI y ponga soluciones ejemplares a la corrupción y/o una tercera opción que no sea populista, que tenga un plan sólido y que pueda tener la plataforma para entrar a la conversación con los otros dos.

Como dice el dicho, “ten cuidado con lo que deseas porque puede hacerse realidad”. En la última semana se definió la tercera opción: Ricardo Anaya por el Frente Ciudadano PAN-PRD-MC.

Pero en vez de darnos alegría a los que buscamos una alternativa, su definición como aspirante nos deja un sabor amargo. Anaya no es nuestro campeón porque pudiendo ser un líder renovador, ha demostrado que está dispuesto a todo por alcanzar sus ambiciones personales. ¿Cómo podemos confiarle el destino de nuestro país a alguien así?

Tres razones lo hacen una opción indeseable desde mi punto de vista.

Primero, la estela de traiciones que ha dejado por el camino. Desde Gustavo Madero cuando tomó control del partido para usarlo como plataforma de promoción personal, pasando por Margarita Zavala y Moreno Valle, que eran opciones más fuertes que él en el PAN, y terminando con Mancera quien era un representante más adecuado del frente ciudadano. ¿Cómo va a confiar alguien en él para hacer equipo con este historial?

Segundo, la manera antidemocrática de definirse como aspirante del frente ciudadano hipotecando a su propio partido con posiciones para diputados y senadores, como lo describe Ricardo Alemán en su columna Itinerario Político el domingo pasado. ¿Cómo va a convencernos de que él traerá la transformación del sistema establecido si ha recurrido a lo peor de las viejas trampas para llegar a la posición de presidente?

Tercero, la confusión que ya trae de inicio que el PAN y el PRD se hayan aliado. El resultado de la alianza entre el partido de la vieja derecha y el de la vieja izquierda no puede salir bien porque la gente que se identifica con uno u otro, no necesariamente se identifica con ambos al mismo tiempo. Calderón dibuja esto en su caricatura del domingo pasado de manera impecable. ¿Votaría un perredista de toda la vida por Anaya?

Sé que hay muchos como yo por ahí que no tenemos opciones que nos entusiasmen para votar. Tendremos que recurrir al famoso “voto útil” que significa analizar dónde hace menos daño poner nuestro voto. ¿Se lo damos a AMLO para que no vuelva el PRI? ¿Se lo damos al PRI para que no llegue AMLO? ¿Se lo damos a Anaya porque es impensable votar por AMLO o por el PRI?

Es una pena que nuestro sistema electoral haya llegado a esto. A que los que están en el poder manipulen las reglas para que quien los suceda en el poder sea uno de ellos. No hubo democracia en las elecciones internas, las barreras para los independientes fueron demasiado altas, y como resultado, muchos no tenemos a alguien que sintamos que realmente nos representa.

No me queda más que cerrar con el mismo párrafo de hace dos semanas en el que decía que lo único que podría realmente hacer una diferencia es lo que Robert Reich dice al cerrar el documental Salvando al capitalismo: que los ciudadanos nos organicemos y exijamos que se escuche nuestra voz, para que el que gane, sea quien sea, se sienta obligado a ser nuestro campeón y cambie los vicios que ya no se pueden sostener.

@ortegarance

JJ/I