¿Blanca Navidad?

Mientras intento lidiar como cada semana con una página en blanco, se cuelan por mi ventana los sonidos de los villancicos navideños. Pesadilla. Y es que cuando uno piensa en la posible paz de las vacaciones, nada tiene que ver con el permanente y abrumador cántico seguido de los rezos propios de la época que no paran ni de día ni de noche.

Ese era el sonido que acompañaba la profunda tristeza en estos días por la situación por la que atraviesa Latinoamérica.  Mientras en México se aprobó la ley de seguridad interior, en Chile triunfó la derecha de Piñera y a los pocos días en Argentina fuimos testigos de las tremendas imágenes de enfrentamientos por la aprobación de la modificación a la ley de pensiones. Ya ni hablar de Brasil, Venezuela o Bolivia.

Apenas hace unos días el candidato a la presidencia de México –por tercera ocasión– ahora por el partido MORENA (Movimiento de Regeneración Nacional), Andrés Manuel López Obrador (AMLO), quien ya venía dando señales de incongruencia izquierdista, anunció la coalición con el Partido Encuentro Social (PES), que es esencialmente conservador y que mantiene una abierta oposición al aborto y al matrimonio igualitario, derechos que se han venido conquistando en México a través de la larga y no sencilla lucha, peleada en su mayoría precisamente por gente de izquierda. Contradicción incompatible.

Si cada partido haciendo sus sumas y restas busca una coalición sin importar sus orígenes ni principios por una suerte de conveniencia desesperada, una vez más nos está cargando la chingada. AMLO como el puntero de las encuestas por un amplio margen, no necesitaba ignorar  a su voto progresista. Al contrario. Y aunque el tema se pueda diluir en los medios y con el paso del tiempo, AMLO jugó una carta peligrosa y sensible. Yo lo lamento. Es una herida que más que aparatosa es significativa. Y aunque seguramente será parte de una estrategia para asegurar el voto duro del PES a su favor, dividir la opinión de la izquierda también le puede costar.

La carrera presidencial apenas arranca. Lo mismo que la del Estado y los municipios. La invitación, siempre, es a que razonemos mucho nuestro voto. Y salir a las urnas a ejercer ese derecho aunque el panorama parezca desolador.

 

No, no hay blanca Navidad.

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JJ/I