Sincretismo

La virtud de las vacaciones es el tiempo libre. Mi mayor disfrute es pasear en pijama por la casa entre columnas de papeles y libros pendientes de revisar donde no existe consigna de terminarlo de principio a fin. Hay libros que incluso se disfrutan más en su segunda lectura cuando caen a propósito de temas que hacen sentido en un momento.

Llegué en estos días, de brinco en brinco a toparme con Los rituales del caos de Carlos Monsiváis, autor indispensable para abordar, describir y entender la realidad mexicana que tanto nos trae en jaque en estos días. Así me permito citar un fragmento: “¿Qué más decir de la Guadalupana? Es el elemento pacificador en la cristalización de los nativos y en la mexicanización de la fe (fecha oficial de inauguración del sincretismo: 1531), es el gran depósito reverencial de los mexicanos que emigran, es la concesionaria del sitio de honor en recámaras, sindicatos, tabernas, lupanares, camiones de carga….A fines del siglo XX, en la Guadalupana se concentran las vivencias de la marginalidad y el desgarramiento, en ámbitos donde lo mexicano es sinónimo de orgullo recóndito o de inocencia sin protección. Ella, presente en la infancia de cada mexicano (sea o no católico), es el paisaje de las convicciones tutelares, el signo de la normalidad en la pobreza, el pretexto formidable para el ejercicio de la intolerancia”.

Lo vergonzoso de cualquier religión o secta es la capacidad de manipulación a sus fieles aprovechando un discurso maniqueo que imposibilita el diálogo o el debate. Intolerancia que no necesitamos. A propósito de la polémica que levantó la escultura de Ismael Vargas, Sincretismo que es por decir lo menos, ignorante. En esa protesta se ha sumado un actor (al que no hay que hacerle más publicidad) que ignora que la base del catolicismo mexicano es justamente una figura sincrética: La Virgen de Guadalupe, que como argumenta Monsiváis, es justamente esa que ha constituido más allá del catolicismo, una identidad nacional.

Así que por ningún lugar hay ofensa. No, señoras y señores de las marchas, la escultura no es “perversa”. La pieza del artista Ismael Vargas, como el mismo la define remite “al origen del todo, a la madre”, es decir,  a la vida. ¿Por qué entonces la protesta?

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JJ/I