Los pantalones de Kim

Las campañas contra la violencia sexual encendidas a nivel global están cobrando una víctima colateral. Están matando, irónicamente, modales básicos de lo que llamamos civilización.

Entre ellos, el simple saludo.

Los hombres ya no damos los buenos días a una mujer desconocida si nos encontramos de frente en algún pasillo de una universidad, restaurante o cualquier lugar. Incluso volteamos a otro lado y la explicación es simple: no queremos problemas.

Y sabemos que acabar con la violencia sexual es una prioridad, pero parece que las mujeres son su peor enemigo.

Por ejemplo, en Estados Unidos bajo los reflectores hipócritas de Hollywood nacieron movimientos como #MeToo y #Time’sUp.

En respuesta, cien artistas francesas dijeron que estas campañas son puritanas y amenazan la libertad del hombre para seducir.

A su vez, las mujeres de Hollywood las acusaron de no entender nada.

La pelea sigue ahí y hace recordar a Maggie Estep (EU, 1963-2014).

Alumna de William S. Burroughs, Estep superó la adicción a la heroína y se convirtió en una de las primeras poetas grunge y del slam poetry inspirado en el box.

El humor con el que abordó seriamente el tema del acoso sexual callejero es recordado por su poema-video Hey, baby, y entre sus mejores obras está Emotional idiot.

Este texto es sobre una mujer que se dirige a su pareja y le pide espacio, caricias, luego que no la acaricie porque no es un gato, que se aleje… y al final que se case con ella.

Es un desorden de personalidad parecido a la lucha entre Hollywood-París, donde las mujeres seguirán sonando a este poema mientras no se escuchen, propongan lo que esperan del hombre, de ellas mismas y dejen de exhibirse unas a otras.

Maggie también viene a cuento porque en su tiempo publicó y reveló sin necesidad, que Kim Deal -bajista de Pixies-, pasaba dos meses sin cambiarse el pantalón y quizá sin un baño.

Aunque era una especie de venganza, en algunos despertó la fantasía no sólo de seguir el ejemplo de Kim sino de un día juntar sus pantalones sucios de meses con los de ella.

La enseñanza es que el hombre apoyará las decisiones de la mujer, pero no perderá el humor mientras pelean entre ellas.

Hasta ahora, y debido a la variedad de opiniones femeninas y para evitar problemas, sólo hemos perdido una cosa:

Las ganas de dar los buenos días.

@los21fosfenos

JJ/I