¿Van a jugar en sus campañas con la seguridad?

No puede ser una casualidad que en los últimos días se hayan multiplicado, de manera extraordinaria, las historias de robos de autos y a casa-habitación a personas cercanas. En dos de estas historias hubo armas de fuego y mucha violencia contra las víctimas, física y psicológica.

En todos los casos el saldo es la irremediable pérdida de la tranquilidad, un cambio en los hábitos de vida, encerrarse, limitar salidas, crecer las rejas en las viviendas.

El fin de año, el restaurante en que cenamos fue asaltado a mano armada. Era la madrugada y ya sólo quedaban dos mesas con familias. No nos dimos cuenta hasta que los meseros cerraron la puerta del lugar que, muy pronto, se vio rodeado de patrullas municipales y estatales.

En su cartón de este viernes, el monero Jabaz hizo un recuento de los delitos de los que su familia ha sido víctima en los últimos días, como si se tratara de una maldición.

La inseguridad y su acompañada violencia han vuelto a Jalisco un estado en el que no es tan lindo vivir. Por más que se revisa y se intenta encontrar medidas preventivas, lo único que queda es reducir nuestras actividades fuera de casa, sin contar que en nuestro hogar tampoco estamos a salvo.

Durante el año pasado, la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU) levantó la voz ante el aumento de los delitos en contra de su comunidad, especialmente en los traslados hacia y desde los planteles, que incluyó el asesinato de dos jóvenes. Se instaló una mesa de trabajo, se empezaron a diseñar estrategias pero, previo al regreso a clases este año, se toparon con que los titulares estatal y de Guadalajara dejaron sus cargos por razones políticas y hay que volver a empezar.

Eso es en zona metropolitana. Fuera de la misma, especialmente en la costa de Jalisco, el narcotráfico es el que marca las historias de cada día.

A lo anterior sumamos los balances que sobre delitos cometidos han hecho todos los diarios locales al cierre de 2017, donde las palabras aumento e incremento aparecen en casi todos los títulos.

¿Por qué aumentó de esta forma la violencia en Jalisco? Porque quienes la cometen saben que no sucederá nada. Una de las personas cuyo auto fue robado relató que lo encañonaron, lo tiraron al piso, lo patearon y le dijeron que lo iban a matar. No lo hicieron. Cuando los delincuentes se fueron, llamó a la policía municipal que, aunque llegó rápido, sólo fue para pedirle que firmara los documentos en que constaba que habían acudido, aunque no hicieron absolutamente nada.

En otro de los casos, la víctima pasó casi una semana cubriendo trámites en la fiscalía, donde le pidieron tantos documentos como si en realidad fueran a buscar su camioneta. Víctima y funcionarios saben que las denuncias por robo de autos se han convertido exclusivamente en un trámite para cobrar el seguro y nunca para que se haga justicia.

En su visita a Jalisco, el precandidato del PRI a la Presidencia de la República, José Antonio Meade, dijo que los estados gobernados por otros partidos son aquéllos donde hay más delitos. Lo dijo unas horas después de que mataran al activista Salvador Magaña en La Huerta y unas horas antes de que asesinaran al diputado Saúl Galindo en Tomatlán.

El martes por la noche, el precandidato de MC al gobierno del estado, Enrique Alfaro, fue detenido por policías estatales que le apuntaron, según dijo, con sus armas largas. El hecho provocó un debate que arrojó frívolos y politiqueros argumentos de ambas partes.

Después de esto, cabe preguntarse si se vale que los partidos políticos jueguen con el tema de seguridad en las campañas. La respuesta es que los ciudadanos estamos muy lastimados y no deberían caer en esa desvergüenza.

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