PRD: ¿quién cierra la puerta?

Por su peso en la historia del país, por la participación fundamental de un jalisciense en su fundación como partido político y porque Jalisco ha sido determinante en la obtención de las dos victorias por la Presidencia de la República –con Fox y Calderón–, sin duda que mucho nos hemos enfocado en la situación que hoy enfrenta el Partido Acción Nacional en la entidad.

Haber caído a la tercera posición como fuerza política en el estado –cuando durante 18 años fueron la primera y el resto de los años desde su fundación se mantuvieron como la segunda– y la decisión ahora de su dirigencia nacional de ir en alianza electoral con partidos diametralmente opuestos como el de la Revolución Democrática y Movimiento Ciudadano, con el riesgo de debilitarse aún más, nos ha obligado a dirigir forzosamente los ojos a lo que sucede en el PAN jalisciense.

Eso nos ha llevado a prácticamente ignorar que hay otro partido político en Jalisco a punto de desaparecer: el de la Revolución Democrática (PRD), que desde años atrás ha sobrevivido a la sombra del conocido como Grupo Universidad que hoy parece estar decidido a darle cristiana sepultura en los comicios de julio próximo.

Todo indica que el PRD ha decidido sobrevivir como partido microrregional, apostarle a su presencia y fuerza –cada vez más débil– en algunos municipios, antes que buscar fortalecerse como partido estatal, recuperar ser la representación de la izquierda jalisciense y regresar a competir por ser la tercera fuerza política como antaño lo fue.

Incluso, nadie puede negar que una de las razones por las que prácticamente ha asumido ahora el papel de partido satélite es porque advierten que es la única manera de mantener el registro, no obstante que los últimos números aún les fueron favorables y estuvieron lejos de hacerlo desaparecer. Pero el que no haya logrado obtener una regiduría en Guadalajara y Zapopan era ya un signo de la gravedad que padecía.

Hoy, además de llevar a cabo con singular alegría su alianza parcial con el PAN y con el partido Movimiento Ciudadano –con este último será de hecho y de facto– en municipios y distritos, ha decidido migrar a dos de sus cuadros mejor posicionados al partido alfarista para tratar de convertirlos en diputados locales.

Hablo del ex diputado Enrique Velázquez y de la rectora del Centro Universitario de los Altos, Mara Robles, quienes buscarán ser diputados en los nada fáciles distritos cuatro, con cabecera en Zapopan, y tres con cabecera en Tepatitlán. Ambos ondearán ahora la bandera aliancista, en terrenos muy competidos y en donde nadie apostaría a su favor.

Pero si esto fuera poco, a la par de lo que sucede a nivel central –en la capital del país– se anuncia la renuncia de un nada desdeñable número de militantes que han decidido pasarse a las filas del partido lopezobradorista Morena, antes que sumarse a hacer campaña para el PAN y para Movimiento Ciudadano, rivales de AMLO como integrantes del Frente por México.

Ayer se anunció que dejaban el PRD en Jalisco 4 mil militantes, en rechazo a su alianza con el PAN y porque son más lopezobradoristas que alfaristas, a decir de quien fue nada menos que secretaria de gobierno y enlace legislativo del comité estatal, Sonia Gutiérrez León.

Más allá de la cantidad de militantes que dejan el PRD –que siempre será discutible hasta en tanto no sean contados uno por uno–, cualquier sangría que registre este partido tiene un efecto preocupante por las condiciones lamentables en que se encuentra, no obstante el optimismo que pretenda inyectarle su dirigencia, porque la verdad es que ahí ya no hay nada atractivo qué ofrecer, ni al militante, simpatizante o ciudadano en general.

¿En calidad de qué, quedará el PRD después de las elecciones próximas? Al tiempo.

ES TODO, nos leeremos ENTRE SEMANA.

JJ/I