Familias disfuncionales

En 2016 se estrenó la película Capitán fantástico, que retrata la vida de una familia de seis niños y su padre (Ben Cash) y los altibajos que representa criarlos en medio del bosque, al margen del sistema, con una educación poco convencional a cargo del padre y con una madre ausente por enfermedad. Las lecturas obligadas incluyen tanto a Chomsky como a Dostoievski.

Dirigida y escrita por Matt Ross, se centra en la posibilidad de educar a los hijos de forma alterna a la sociedad consumista, alejada de dogmas religiosos y convencionales. Sin pretender ser una reflexión biográfica del propio director, no obstante que en algún momento de su niñez vivió junto con su madre en comunas de artistas.

La cinta reflexiona sobre la importancia del papel de los padres en la educación de sus hijos, cuando su crianza es a través del amor o el abuso, el páter familias puede terminar siendo capitán autoritario de un culto pagano o un paladín quijotesco. El problema es que, a pesar de proporcionar una educación poco convencional, dificulta a sus hijos la vida en una comunidad real.

Por otro lado, el año pasado se proyectó El castillo de cristal, basada en una obra autobiográfica de la escritora y columnista Jeannette Walls, que trata de la vida real que tuvo de niña y adolescente con una familia errática (huyendo de los acreedores y de sus propios demonios) y poco convencional, con un padre (Rex Walls) bipolar con trastorno límite de la personalidad, pero inteligente, con episodios de alcoholismo y pésimas decisiones, una verdadera antípoda al protagonista de Capitán fantástico, pero también ambos en la búsqueda de una educación fuera de los convencionalismos y el consumismo.

Afortunadamente, los hijos salieron huyendo para buscar otros caminos y perseguir sus propios sueños y su resiliencia les ayudó para afrontar las adversidades y la indigencia para convertirse posteriormente en personas normales, adaptadas a sus comunidades, olvidando a unos padres resentidos y fracasados.

Puede que la película no logre dimensionar los horrores experimentados por los protagonistas; sin embargo, el libro de donde se tomó la historia es un verdadero análisis etnográfico de una de tantas familias que pululan en nuestro país vecino del norte. Es una verdadera crítica al sueño americano y a la sociedad capitalista estadounidense, obviamente con sus limitantes subjetivas por ser autobiográfica.

El domingo 14 de enero, una niña escapó de un cautiverio familiar y avisó a la policía que ella, junto con sus 12 hermanos, permanecía encerrada en su casa. El perfil del padre en Facebook, David-Louise Turpin, muestra una familia numerosa para los estándares actuales, pero aparentemente normal, con niños saludables y entusiastas.

Sin embargo, lo que la policía se encontró fue una escena dantesca, con niños encadenados a sus camas, desnutridos, abusados y torturados, en un ambiente sórdido y maloliente. ¿Es el padre otro Ben Cash o un Rex Walls de la vida actual? ¿Qué historia nos pueden contar los niños y jóvenes que vivieron este suplicio? ¿Podrá su resiliencia ayudarles a adaptarse a su comunidad o esto les impedirá llevar una vida normal y productiva?

De acuerdo con la Declaración de los Derechos Humanos, la familia “es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado”. El aumento de la violencia en nuestro país tiene mucho que ver con la pobreza, también por vivir en el seno de una familia disfuncional con padres abusivos y violentos, factores de riesgo de conductas antisociales. Lo que sucedió en otro país también sucede en el nuestro. Debemos estar alertas.

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JJ/I