Aristóteles: llamado a misa

En plena intercampaña, cuando los candidatos a los diversos cargos de elección popular están obligados a guardar sus actividades de proselitismo para cuando arranquen las campañas, el gobernador Jorge Aristóteles Sandoval Díaz les mandó un mensaje desde la tribuna de los industriales jaliscienses.

Dijo: “Tenemos que decir como clase política, como sociedad y como principales interesados en el desarrollo de México y Jalisco, no a su destrucción, no a la guerra sucia, no a la mentira, no a la intimidación, no a los fake news, porque en la mentira no hay democracia, hay división; porque en la calumnia no hay contraste, hay resentimiento; porque nuestra sociedad merece mucho más que una campaña de insultos o descalificaciones”.

No creo equivocarme si auguro que lo que ayer el mandatario estatal subrayó no debe darse durante la próxima campaña electoral, será precisamente –cosa lamentable– la materia prima del discurso de los partidos políticos y sus candidatos en la contienda. Dudo mucho, como estoy seguro que un gran sector de la ciudadanía también, que la propuesta y la crítica de contraste sea lo que caracterice a la lucha electoral rumbo al 1 de julio.

Sandoval Díaz agregó en su discurso: “No nos equivoquemos, no es con odio como Jalisco debe de mantener su inercia. El período electoral no debe dividirnos. Los exhorto a que pronto se vea la expresión firmando un acuerdo entre las distintas fuerzas políticas en el que el objetivo sea mantener a Jalisco cohesionado”.

¿Será posible ver en el escenario a los candidatos a la gubernatura o a los dirigentes estatales de los partidos en la contienda, sentados alrededor de la misma mesa no sólo dispuestos a firmar un pacto de civilidad, si así se le quiere llamar, sino con la voluntad para cumplir lo que ahí se signe?

La verdad, no creo que eso sea posible. No cuando la lucha por el poder será encarnizada, cuando la pelea se dará entre una nueva fuerza política que aspira no a gobernar el próximo sexenio, sino los próximos tres cuatro o cinco, refugiados en la figura de su candidato Enrique Alfaro Ramírez, y un partido político que hace apenas seis años recuperó el poder luego de estar fuera de él durante 18, y que está dispuesto a no entregarlo dócilmente sólo porque en las encuestas está rezagado en la preferencia ciudadana.

Tampoco podemos esperar civilidad en esta próxima guerra electoral cuando Jalisco volverá a ser la entidad que puede definir el triunfo o la derrota en la lucha por la Presidencia de la República, y cuando varios de los partidos contendientes se estarán jugando su existencia o desaparición. No podemos esperar un escenario de civilidad menor al que atestiguamos hace tres años cuando sólo se trató de una elección intermedia que, sí, efectivamente, representaba la antesala de la lucha por esta contienda concurrente por la Presidencia y la gubernatura.

Es posible que logremos ver a los firmantes –los que sean y quienes sean– posando para la fotografía, pero seguramente sólo servirá para recrear una vez más la sabiduría popular que dice que “del dicho al hecho hay mucho trecho”. Y no es que pretenda ver un estado convertido en un polvorín electoral, pero no hay señales de que veremos una contienda en paz. Es la verdad. O al menos es mi pronóstico basado en los antecedentes y lo que hoy sabemos preparan los contendientes y sus equipos.

Ya estaremos advirtiendo también si el llamado de Aristóteles Sandoval tiene eco entre los protagonistas de la batalla electoral o será una más de las muchas llamadas a misa que estaremos escuchando por diversos rumbos y provenientes de los más diversos convocantes.

Reitero –aunque puedo pecar de pesimista– que no hay señales para esperar un proceso electoral civilizado. Y si no, al tiempo.

ES TODO, nos leeremos ENTRE SEMANA.

JJ/I