El PRI se 'empaniza'

El priísmo jalisciense vive hoy el escenario que enfrentó el panismo de Jalisco en 2012 y que se intensificó en 2015: la deserción de militantes que vieron frustrado su objetivo de ser postulados a un cargo de elección popular o que advirtieron que ya no gozarían de los beneficios de la nómina pública, no obstante que la mayoría de ellos son lo que son y tienen lo que tienen gracias precisamente a esas oportunidades que el PRI les dio durante muchos años de vivir del erario.

Ya si se lo merecen o no será cuestión de la evaluación que haga la ciudadanía y no los susodichos en lo personal ni quienes ahora los adquirieron.

Otros, efectivamente, no tuvieron más opción que buscar nuevos derroteros cuando advirtieron que no obstante sus años de trabajo partidista y en algunos casos en la administración pública, su institucionalidad y su disciplina, el Revolucionario Institucional les volvió a cerrar nuevamente las puertas para buscar el apoyo ciudadano con una candidatura sin la garantía del triunfo. Ellos pedían simplemente una oportunidad.

Por mencionar algunos ejemplos, en el primer caso podemos mencionar a los recién renunciantes Claudia Delgadillo González y Sergio Chávez Dávalos, mientras en el segundo caso están J. Guadalupe Ledezma Ramírez, ex vocero del PRI durante la gestión de Ramiro Hernández García, y Salvador Rodríguez de la Cruz, regidor y ex secretario general del partido en Guadalajara.

Pero hay que hacer notar que tres de ellos renunciaron al PRI por no ser postulados candidatos, o sea, no tuvieron otra vez la oportunidad de seguir en la nómina pública, pero no fueron congruentes del todo y rechazaron renunciar también –a través de la solicitud de licencia– a la diputación local, a la presidencia municipal de Tonalá y a la regiduría en Guadalajara, cargos que obtuvieron gracias al partido que acusan de ya no haberles dado la oportunidad de seguir en cargos públicos de elección popular.

Ledezma Ramírez simplemente consideró que la espera de una oportunidad había llegado a su fin y decidió renunciar a su militancia priísta no sin antes, en diversos momentos, haber advertido a la dirigencia del PRI en turno la poca atención que le ponían a la militancia.

Como ayer el PAN, hoy el PRI registra el éxodo de algunos renombrados militantes que mientras en el discurso se desgarraban las vestiduras por su partido, en los hechos venían realizando una labor de zapa para dar el golpe cuando lo creían necesario, pues hoy se sabe que desde hace ya algunas semanas sostenían encuentros en lo oscurito con el partido lopezobradorista Morena o en los sótanos del poder con el partido alfarista Movimiento Ciudadano, cuyos candidatos –uno a la Presidencia de la República y otro a la gubernatura–, se encuentran hoy adelante en las encuestas.

O sea, como ayer los panistas, hoy los ex priístas van y se refugian con el que se perfila para ser el ganador de la contienda electoral, aunque aún no haya nada escrito, cuando no hay nada para nadie y cuando aún pueden suceder muchas cosas de aquí al día de la elección.

En aquellos ayeres, panistas que se alimentaron de la ubre oficial desde que el PAN llegó al poder en 1995 hasta que se desahució en 2012 renunciaron a su militancia aun cuando formaban parte del último gobierno blanquiazul, sabedores de que sus ingresos económicos ya no les llegarían de la nómina pública.

Hoy vemos el mismo escenario en la mayoría de los priístas que abandonaron el barco en el que siempre navegaron y en el que disfrutaron durante muchos años de todos los beneficios que daba formar parte del poder. Ahora, al ver que el poder se aleja, brincan al barco que antes recogió panistas renegados o al que recibe gorgojos, como dijera el empresario lopezobradorista Alfonso Romo.

ES TODO, nos leeremos ENTRE SEMANA.

JJ/I