Jalisco, entre AMLO y Alfaro

Desde hace tiempo atrás las encuestas que intensamente se difunden en los medios de comunicación tradicionales o en las redes sociales –sin importar qué firmas las apliquen y no obstante que cada tres o seis años resultan ser las grandes perdedoras– nos dicen que si hoy fueran las elecciones para presidente de la República ganaría Andrés Manuel López Obrador, en tanto que para la gubernatura la victoria favorecería a Enrique Alfaro Ramírez.

Sin tomar en cuenta por ahora el resultado que arrojen las elecciones para legisladores federales y diputados locales, con lo que confirmaríamos cómo queda conformado el Poder Legislativo federal y estatal y ver qué margen de maniobra tendrían los nuevos inquilinos de Los Pinos y de Casa Jalisco, preguntémonos: ¿cómo le iría a Jalisco con López Obrador como presidente y Alfaro Ramírez como gobernador?

No recuerdo en elecciones anteriores en las se haya registrado un enfrentamiento tan directo y personal entre un candidato presidencial y un contendiente por la gubernatura como el que han protagonizado Andrés Manuel y Enrique, lo que no deja de inquietar para saber qué futuro podemos esperar los habitantes de Jalisco de una relación tan descompuesta entre quien puede llegar a ser el próximo presidente de la República y el gobernador del estado.

De la relación entre los últimos presidentes y gobernadores de Jalisco podemos tomar dos ejemplos muy peculiares que llamaron la atención en su momento. Durante el gobierno de Guillermo Cosío Vidaurri, el presidente Carlos Salinas de Gortari fue prácticamente un visitante asiduo de la entidad. No sólo en periodos vacacionales cuando pasaba días en Isla Navidad, sino en visitas oficiales que lo colocaron en aquellas fechas como el presidente de los últimos años que más visitas hizo a Jalisco.

Otro caso es el de Ernesto Zedillo Ponce de León, que visitó y atendió a Jalisco como nadie se lo hubiese imaginado al saber que el mandatario estatal era un panista –Alberto Cárdenas Jiménez– y no un priísta. Zedillo le dispensó mucha atención al primer gobierno del PAN en Jalisco.

¿Qué podemos esperar de la relación entre López Obrador y Alfaro Ramírez si ambos ganan su respectiva elección en julio? Y es que desde que rompieron luego de las elecciones de 2012, uno y otro no han desaprovechado la ocasión para descalificarse. Leamos algunos casos:

En marzo de 2014, López Obrador, al encabezar las Jornadas de Formación de Morena, dijo aquí que Alfaro “es un político tradicional”, y que Movimiento Ciudadano, como los demás partidos, “están muy echados a perder (…), ¡son muy corruptos!”.

En agosto de 2016, Andrés Manuel reiteró: “Lo digo con todo respeto: están engañando con Movimiento Ciudadano; es lo mismo, que quede claro…”.

Y el 31 de julio de 2017, en Degollado, AMLO señaló: “Ahora se pueden decir muchas cosas con ganas de obtener votos, hay que ser muy responsables. (En) Movimiento Ciudadano son muy dados a la demagogia, a ofrecer cosas y luego no cumplen”.

Alfaro, por su parte, siempre manifestó respeto hacia López Obrador, pero en marzo de 2017 cuando Cuauhtémoc Cárdenas presentó su proyecto de país encabezando su agrupación Por México Hoy, Enrique se refirió al tabasqueño: “Tampoco creo que el proyecto nacional del que estamos hablando se pueda construir en la soberbia de pensar de que hay quien tiene la razón absoluta y la verdad absoluta, y todos los que no pensamos igual somos enemigos de la patria y miembros de la mafia del poder…”.

Así, López Obrador y Alfaro han intercambiado calificativos como corruptos, demagogos, soberbios, entre otros. De llegar ambos al poder, pregunto: ¿sabrán entenderse en beneficio de los jaliscienses o el hígado será el que guíe su actuación? Vayamos pensando también en ese escenario.

ES TODO, nos leeremos ENTRE SEMANA.

JJ/I