Camina hacia una formación integral

Por siempre. La actriz ha tenido claro desde la adolescencia su vocación, y su más reciente experiencia en el servicio público le ha enseñado a trabajar más en comunidad. (Foto: Especial)

Lo que a la actriz tapatía Gabriela Escatel le gusta del teatro es todo lo que tiene que ver con hacer comunidad: tanto con un equipo de trabajo como con los lazos que se fundan a través del público, algo que concluye después de actuar en varios proyectos y luego de organizarlos ella misma desde hace casi seis años en la Coordinación de Teatro en la Secretaría de cultura.

Dice que después de este tiempo de aprendizaje lo que más ha disfrutado ha sido ver las obras que se incluyen en la programación estatal con una perspectiva más crítica.

NTR. ¿Cómo fue tu acercamiento a las artes?

Gabriela Escatel (GE). Desde niña fui al teatro, desde muy chiquita mi mamá me llevaba, íbamos muchísimo al Teatro-cine Rex. Eso me marcó. Pensándolo bien, ahora recuerdo que las películas de Disney que veía siempre me las imaginaba en obras de teatro en la escuela, me imaginaba quién tendría qué papel. Después, cuando descubrí el teatro fue en la secundaria, en un taller de educación artística, nos ponían a hacer todo, cuando llegamos a la clase de teatro me metí en todos los equipos y estaba en todos lados, fue ahí donde decidí estudiar teatro: quería buscar cualquier lugar para estudiarlo. Un día conocí el Centro de Educación Artística (Cedart), casi por accidente, y me gustó su ambiente, con las bailarinas ensayando en el patio.

NTR. ¿Dirías que siempre supiste lo que ibas a hacer?

GE. Ahí en la adolescencia ya quería hacer teatro, pero después cuando tocó el momento de estudiar la carrera yo quería irme a la Ciudad de México, pero mis padres sí se asustaron, me pidieron estudiar algo ya sabes, de verdad y aquí, así que por un anuncio en la radio entré a estudiar Relaciones Internacionales, al final tiene que ver con dónde estoy ahorita, aunque en ese momento no lo pensaba así. Desde el día uno me inscribí al taller de teatro del ITESO (Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores), Alebrijes, con Mari Paz Gómez. En realidad nunca dejé de hacer teatro.

NTR. ¿Cómo te decidiste a hacerlo de manera formal?

GE. Después entré en conflicto con la carrera porque para mí estaba cumpliendo un requisito, sólo quería terminar, darle a mis padres el título y regresar a hacer teatro. Sí me gustó muchísimo la carrera y después entré en conflicto, entonces me fui de intercambio seis meses a Argentina, ahí quería decidir si hacer teatro o no, quería probar no hacerlo; el momento decisivo de la historia fue cuando fui al Teatro Colón en Buenos Aires, es un espacio increíble, con sus cuatro pisos, sus bodegas de calzado, su réplica del escenario. Ahí tuve la revelación, me perdí del grupo y me encontré con un ensayo y lloré de emoción y felicidad: ahí entendí que tenía que hacer teatro.

NTR. ¿Cuáles dirías que son los papeles que te marcaron entonces?

GE. Más que pensar en personajes pienso en los procesos y las experiencias generales. Con Alebrije, El juego de Zuzanka, hasta las pastorelas. Me tocó irme con el grupo a Europa, fue para mí una gran experiencia. Es difícil contestarte eso, porque ahora que lo reflexiono más creo que hay algo más en mi carrera que he hecho dentro del teatro que es más sobre generar proyectos que buscar papeles, hice dos castings en mi vida y ya nunca más porque en realidad, obviamente me gusta actuar, pero más bien pienso en los procesos que me gustaría hacer y parto de eso.

NTR. ¿Cuál de estos proyectos dirías que fue decisivo?

GE. Uno de los más fuertes e interesantes que me marcó fue El matadero, de Inverso Teatro, porque fue un proyecto que imaginamos desde la concepción de las ideas, todos teníamos nuestro papel y generó su propio espacio. El diablito de Benjamín, que fue el primer proyecto que yo generé. Me identifico con ellos. En todos hay un asunto que me mueve personalmente, algo que quiero decir. Para mí el teatro sí es una forma de comunicación. Algo tan elemental necesita algo que poner en diálogo con la gente y con el espectador y con quien lo trabajas. Los proyectos en los que trabajaba, ya fuera que me invitaran o que desarrolláramos, sí me conectaban en el discurso.

NTR. ¿Sigues buscando eso en el teatro?

GE. A lo mejor ahora sólo soy un poco más realista. Asumo más fácil la parte del ego que hay en eso. Soy un ser humano que quiere decir algo y lo hace a través de esto, cuando era más jóven sí pensaba que iba a cambiar al mundo, pero sí lo sigo creyendo, mejorarnos como seres humanos a través del teatro y todo lo que implica, sólo que ahora con otras perspectivas.

NTR. ¿Consideras que ahora es más fácil hacer teatro en Guadalajara?

GE. Se abrieron muchas posibilidades y ha crecido la comunidad. Hoy con todo y las dificultades que implica se puede, hay más opciones de educación, de infraestructura. Al margen que sea o no fácil acceder a ellos, hay más.

Servir para aprender

Cuando se le pegunta sobre lo más difícil de su carrera, Escatel responde: “Hubo varios (momentos), pero creo que cuando decidí entrar a la función pública. Para mí eso me aterraba, me daba mucho miedo dejar de hacer teatro y pensaba que si empezaba a hacer esto en la secretaría, tendría que dejar todo lo otro de lado. Me convenció El Mosco (Luis Manuel Aguilar), es un súper maestro, amigo y confidente, él me dijo que la verdad es que nunca iba a dejar de hacerlo, lo único que pasaría, dijo, es que conocería una parte del teatro que no todos tienen la oportunidad de conocer y que cuando termine esa etapa, porque se va a terminar, seré una creadora más integral. Tuvo razón”. Alejandra Carrillo

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